Una civilización de otro planeta. Cartas mecanografiadas con secretos del cosmos. Una nave fotografiada sobre Madrid con un símbolo grabado. Una secta que marcaba a niños a fuego. Espías. Suicidios. Y, al final, un señor con una máquina de escribir que confesó haberlo inventado todo… y al que nadie quiso creer. Esto es UMMO, el mayor fraude ovni de la historia y, probablemente, el experimento sociológico más retorcido que se ha hecho jamás en España.
🎧 ¿Prefiere escucharlo? En Clave 45 le dedicamos un programa entero a la cronología de Ummo: T8 · Ep. 275 — «Ummo: la cronología» (iVoox). Este árbol es su versión ampliada: una biblia de Ummo, rama por rama.
🌳 El árbol genealógico de Ummo (1950–2026)
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La «llegada»: la historia que ellos mismos contaban
Antes de las cartas, antes de las fotografías borrosas y los congresos de ufólogos, hubo —según el relato— una señal. La historia que los ummitas contaron de sí mismos arranca como una buena novela de ciencia ficción: con un malentendido cósmico. Conviene avisar de algo desde la primera línea, porque es la clave de todo lo que sigue.
⚠ Nada de lo que se cuenta en este capítulo ocurrió. Todo el "lore" ummita salió de la máquina de escribir de José Luis Jordán Peña, que acabó confesando ser el autor del mayor fraude ovni de la historia de España. Lo narramos como mitología precisamente para entender cómo se construyó el engaño.
El malentendido que lo empezó todo
Según las cartas, en 1948 una estación de su planeta captó una emisión de radio procedente de la Tierra en una frecuencia de 413,44 MHz. No la entendieron, pero les bastó para deducir que en aquel rincón de la galaxia había tecnología. Decidieron venir a investigar. El detalle delicioso —y la prueba de que estamos ante ficción cuidadosamente armada— es que ellas mismas explican que aquella señal no era una llamada al cosmos: la había emitido un navío noruego entre el 4 y el 8 de febrero de 1934 (del 5 al 7, según otra carta), durante unos experimentos de reflexión ionosférica. El nombre del barco que circula, Armauer Hansen, no sale en ninguna de ellas. El mito convirtió un supuesto ensayo científico de los años treinta en el disparador de un contacto extraterrestre.
De dónde decían venir
Su mundo, contaban, se llamaba UMMO y giraba en torno a una estrella que ellos denominaban IUMMA y que la primera carta que la nombra identifica con Wolf 424 (las siguientes dudan entre esa y otras dos estrellas cercanas), una enana roja —en realidad, un sistema doble— situada en la constelación de Virgo, a unos 14,2 años luz de la Tierra. El propio Jordán Peña dijo después que la eligió «al azar», porque su objetivo no era describir un planeta creíble, sino estudiar hasta dónde llegaba la credulidad humana.
Carné de identidad ummita (según el mito):
- Aspecto: casi humano. Ninguna carta clásica los describe rubios ni les da estatura: lo único «nórdico» que sale en ellas son sus pasaportes falsos. La estatura llegó en 2003: de media, 1,95 m ellas y 2,08 m ellos.
- Sentidos: tacto y olfato hipersensibles. Decían disfrutar de auténticas "sinfonías olfativas".
- Voz: cuerdas vocales atrofiadas. Se comunicaban por telepatía y hablaban con amplificadores implantados en la laringe.
- Su dios: WOA, una divinidad abstracta, casi matemática.
La llegada y la infiltración
El relato sitúa el aterrizaje el 28 de marzo de 1950, cerca de la localidad de La Javie, en los Bajos Alpes franceses. Una vez aquí, según las cartas, los expedicionarios se infiltraron disfrazados de seres humanos para estudiarnos sin levantar sospechas, aprovechando su parecido físico con la población europea. De ahí en adelante, la vía de comunicación sería lo que define el caso: cientos de cartas mecanografiadas que empezarían a llover sobre ufólogos y curiosos en los años sesenta.
Una sociedad de ingenieros sin guerras
Lo que hizo seductor al mito ummita no fueron los platillos, sino la utopía. Decían venir de una sociedad ultrarracional y tecnocrática, gobernada no por políticos ni por sacerdotes, sino por la lógica y la ciencia, bajo una especie de coordinación planetaria. Miraban nuestras guerras y nuestras religiones con horror y perplejidad: para ellos, matar por una bandera o por un dios era una aberración propia de una especie todavía infantil. Era, en el fondo, un espejo: el sueño de una humanidad sin fanatismo escrito para una España de los años sesenta, gris y aún muy religiosa.
Su ciencia, contaban, había resuelto el problema de las distancias estelares sin violar la física. No viajaban "más rápido que la luz": plegaban el espacio. La pieza clave de esa cosmología eran los ibozoo uu, descritos como ejes o entidades dimensionales, los ladrillos últimos de la realidad. Manipulándolos, una nave podía cambiar de coordenadas y aparecer a años luz de distancia casi instantáneamente. Sonaba sofisticado; pero los investigadores que las analizaron a fondo encontraron en esas explicaciones errores científicos, fragmentos plagiados de manuales de física y contradicciones entre unas cartas y otras.
Hasta los dioses tenían fallos
Un toque genial del relato es que los ummitas no eran infalibles. Las cartas admitían contratiempos y "taras": misiones que salían mal, dificultades de adaptación, errores de cálculo. Esa supuesta humildad era, en realidad, una coartada narrativa perfecta. Si algo en el mito no cuadraba, siempre se podía atribuir a una limitación de los propios extraterrestres, blindando la historia frente a cualquier comprobación.
Y aquí está la moraleja que conviene no perder de vista: por elaborado que parezca este universo —con su estrella, su dios, su biología y su física—, todo nació de un hombre y una máquina de escribir. Jordán Peña confesó haberlo inventado como un experimento sobre la credulidad humana. Ese es el verdadero misterio de Ummo: no de dónde venían, sino por qué tantos quisieron creer.
Su propia voz: un trozo de carta
El relato de su origen y su llegada quedó repartido en documentos catalogados —por ejemplo D57-1 («Primer contacto. Anales históricos de la relación UMMO–Tierra») o D74 («¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos?»)—. Así describía una de las cartas su mundo; fíjese en el tono solemne y en esas mayúsculas raras:
«Procedemos de un astro solidificado cuyas características geológicas externas difieren un tanto de las de TIERRA…»
— Carta D74 (marzo de 1969). Y folios y folios así, durante casi tres décadas.


Lo que decían las cartas (en detalle)
El relato de su historia está en la serie D57 («Llegada a la Tierra») y en la D74 («¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos?»). De ahí salen los detalles más delirantes —y más fascinantes—:
- Una expedición de 24. Decían haber enviado 24 exploradores en dos naves: el primer grupo sobrevoló Neptuno, Marte y la Tierra sin aterrizar; solo el segundo tomó tierra.
- El aterrizaje. Lo situaban «en las proximidades de la Villa de DIGNE (Francia) el día 28 de Marzo de 1950», enfrentados —decían— «a una Civilización de la cual ignorábamos desde el lenguaje hasta las técnicas más fundamentales», con «angustiosos métodos de defensa improvisados los primeros días, para no caer en manos de las autoridades galas».
- Su planeta, con números. UMMO tendría más gravedad que la Tierra (11,9 m/s²), un día de casi 31 horas y nueve estratos geológicos; el intenso campo magnético de su estrella, IUMMA, les habría complicado las comunicaciones por radio pero llenado el cielo de auroras.
Las cartas originales: D57-1 «Llegada a la Tierra» · D74 «¿Quiénes somos?» (archivo Ummo-Ciencias).
Su biología y su sociedad (más cartas)
Cuanto más leías, más enganchaba… y más se delataba. Algunos detalles de las cartas D41 («Vida cotidiana en UMMO») y D84 («Datos del planeta»):
- Hablar… y enmudecer. De niños hablaban con la voz, pero «hacia los 14-16 años… las cuerdas vocales sufren un proceso de esclerosis que les deja fisiológicamente "mudos"», y a partir de ahí se comunicaban por telepatía. Así «explicaban» sus cuerdas vocales atrofiadas.
- Una tecnocracia sin piedad. A los enfermos neurológicos graves, decían, «la única solución estriba en… provocarle la muerte por GOOAIE SAWA» —un haz de microondas que destruía el cerebro—. Eutanasia por decreto científico: el lado escalofriante de su «utopía».
- El guiño del farsante. Y la frase más irónica de todas, escrita por Jordán Peña disfrazado de extraterrestre: «Comprendemos que una afirmación de esta naturaleza corresponde de costumbre a un farsante». Lo avisaba… y aun así le creyeron.
Cartas: D41-1 «Vida cotidiana en UMMO» · D84 «Datos del planeta» (Ummo-Ciencias).
Un día en UMMO: hongos, ordenadores y ropa de usar y tirar
La serie D41 describía su día a día con un detallismo obsesivo —ciencia ficción de los 60 de manual—:
- Sin dinero, con ordenadores. Vivían en «torres-hongo» (XAABI), asignadas por mérito intelectual y no por dinero: «Su compra no se ha realizado con dinero. En unos instantes las máquinas calculadoras de nuestra Red XANMOO AYUBAA han computado el valor». Una tecnocracia sin clases gobernada por una red de ordenadores.
- Familia y disciplina. Los hijos se separaban hacia los 13,7 años para su educación, y las comidas eran en silencio y meditación, porque «las alteraciones emocionales negativas inhiben la normal segregación de los jugos digestivos».
- Detalles marcianos. Ropa de usar y tirar hecha en casa («nuestras prendas… no se usan casi nunca varias veces, ni se lavan»), cocina por campos gravitatorios y una devoción a su dios, WOA, y a la Naturaleza.
Cartas: D41-2 · D41-5 («Vida cotidiana en UMMO», Ummo-Ciencias).
Su dios, su «mesías» y el más allá
Y aún hubo más: Jordán Peña le construyó a su planeta una teología completa, con su Dios y hasta con su «Cristo».
- WOA, el dios adimensional. Su divinidad, WOA («GENERADOR… o Dios como lo denominan en la Tierra»), era «ADIMENSIONAL (no tiene anchura ni altura ni tiempo)», inmutable y nada antropomórfica.
- UMMOWOA, su «Cristo». Bajo la tiranía de la déspota WIE 1 apareció «la sublime figura de UMMOWOA», un profeta que devolvió al pueblo «al auténtico DIOS». Un mesías inventado —con su régimen totalitario y su redención— para un planeta que no existe.
- El universo gemelo y el más allá. Habría un cosmos gemelo (WAAM-WAAM) unido al nuestro por «válvulas»; al morir, el alma no se va: se integra en el alma colectiva (BUAWE BIAEII), una conciencia planetaria. De ese «pliegue» entre ambos universos salía, además, su truco para viajar más rápido que la luz.
Cartas: D79 «El concepto de WOA» · D41-15 «UMMOWOA» · D357-2 «Cosmos gemelo / post mortem» · D731 «Sinopsis WAAM-WAAM» (Ummo-Ciencias).
☢️ Cuando el bulo jugó con la vida y la muerte. En 1973, con la guerra árabe-israelí de fondo, las cartas anunciaron la marcha de los ummitas y, según contaron después, avisaron a sus amigos de una guerra nuclear inminente y les ofrecieron un refugio antiatómico secreto, con un mensaje cifrado de por medio. Un matrimonio del entorno de Antonio Ribera recordó después la pregunta que se hicieron mientras preparaban la maleta: «¿Qué haríamos con nuestros familiares? ¿Los abandonaríamos?». ¿El código de acceso? Según José Juan Montejo, a quien Jordán se lo contó en 2013, era «un galimatías sin sentido escrito al azar». Y la guinda metalingüística: el ufólogo Manuel Salazar escribió en 2017 que aquel refugio de Piedralaves «solo existió en mi imaginación» —un bulo dentro del bulo—. Fuentes: El Ojo Crítico nº 77 (José Juan Montejo) y nº 98 (José Juan Montejo, «UMMO: el mensaje cifrado», y Manuel Carballal).
Fuentes: Ummo — Wikipedia en español · Ummo: el día que Jordán Peña 'mostró sus cartas' — Factor (Alejandro Agostinelli) · El Señor de Ummo ha muerto — Factor (Alejandro Agostinelli) · Vendedores de Ummo: el fraude perfecto para una España crédula — Vozpópuli · El Caso Ummo y los Ummitas — Entrevista a Manuel Carballal (YouTube) · Cronología del caso Ummo — zyberEtika.
El caso de la mano cortada: la marquesa y los ummitas
Antes de que existiera UMMO, antes de la primera carta firmada por los hermanos de un planeta llamado Ummo, ya había en España una historia tan macabra que la realidad superaba cualquier ficción extraterrestre. Una marquesa, el cadáver mutilado de su hija, una mano dentro de una lechera y unos ojos guardados en un frasco. Décadas después, los mitólogos del fraude ummita engancharían este caso real al folclore de los oummo para darle un barniz de leyenda. Conviene separar bien las dos cosas: por un lado, un crimen documentado del franquismo; por otro, una fabulación que jamás se ha probado.
La "Mata-Hari española"
Margarita Ruiz de Lihory y Resino nació en Valencia a finales del siglo XIX, en el seno de una familia aristocrática. Llegó a acumular un rosario de títulos: marquesa de Villasante, baronesa de Alcahalí y otros más. Fue una mujer absolutamente fuera de su tiempo: estudió Derecho y enfermería, pintaba, escribía y viajaba sola por medio mundo cuando eso era impensable para una dama española.
Pero lo que la convirtió en personaje de novela fue su faceta de espía, que le valió el apodo de "la Mata-Hari española". Trabajó como reportera y agente en la Guerra de Marruecos a las órdenes de Miguel Primo de Rivera, se infiltró entre los rebeldes rifeños y, según las crónicas, llegó a tratar con el propio Abd-el-Krim. Se le atribuye haber salvado la vida a Franco —dicho con todas las cautelas que merece una biografía tan novelada— y haber colaborado durante la Guerra Civil con servicios de información. La leyenda dice que tuvo tratos con alemanes, ingleses y norteamericanos. Es precisamente este perfil de agente doble el que, años más tarde, alimentaría todas las conjeturas sobre espías y conspiraciones.
El caso de la mano cortada (1954)
En enero de 1954, la hija de la marquesa —de su matrimonio con el irlandés-valenciano Ricardo Shelly— murió tras una larga enfermedad, postrada desde hacía meses. Falleció el 19 de enero de 1954 en un piso de la calle de la Princesa de Madrid. Y ahí empezó el horror.
El 30 de enero de 1954, un hermano de la fallecida denunció a su propia madre. Cuando las autoridades intervinieron, el hallazgo fue espeluznante: una mano de mujer, limpiamente amputada, escondida dentro de una lechera; y, en un frasco, los ojos y parte de la lengua de la difunta. También se habló de mechones de cabello. La autopsia confirmó que las amputaciones se habían realizado después de la muerte y con pericia de cirujano o anatomista, lo que encajaba con los conocimientos médicos de la marquesa, aficionada además a la disección.
Los hechos documentados
- 19 enero 1954: muere la hija de la marquesa en la calle de la Princesa (Madrid).
- 30 enero 1954: un hermano de la fallecida denuncia a la madre.
- Hallazgos: una mano en una lechera; ojos y lengua en un frasco.
- Amputaciones post mortem, ejecutadas con destreza anatómica.
- Acusada: la marquesa; implicado su segundo marido, el abogado José María Bassols.
La defensa de Margarita fue tan inquietante como el propio crimen: declaró que las mutilaciones eran fruto de la "adoración" que sentía por su hija, que quería conservar aquellos restos como reliquia sagrada de su memoria. El argumento no la exculpó.
El juicio, la condena y el manicomio
El caso recorrió toda la maquinaria judicial del franquismo y llegó hasta el Tribunal Supremo. Siete años después del registro, el 28 de marzo de 1961, la marquesa aceptó ante la Audiencia Provincial de Madrid, por conformidad con el fiscal, una condena por profanación de cadáver y por un delito contra la salud pública: seis meses de arresto mayor y 5.000 pesetas. El Supremo rechazó su recurso el 25 de abril de 1964. Penas sorprendentemente leves. Muchos cronistas atribuyeron esa benevolencia a sus contactos en "las alturas del poder", coherentes con su pasado de agente al servicio del régimen.
Sobre su paso por el psiquiátrico penitenciario de Carabanchel las fuentes discrepan: la Wikipedia habla de diez años de internamiento; Carballal, que dice haber visto los informes, sostiene que ella salió casi enseguida y que fue Bassols quien se quedó una temporada. Murió el 15 de mayo de 1968 en Albacete, y está enterrada en el cementerio de la ciudad. Y es justamente Albacete el punto donde su tragedia real se cruza con el mito ummita.
El injerto ummita: la "Casa de los Fantasmas"
La marquesa tenía en Albacete una casa, la Casa Corte, en la calle Mayor, que el vecindario llamaba "la Casa de los Fantasmas". Sobre esa propiedad circuló un relato persistente: desde 1952 se habrían alojado allí dos extranjeros altos y rubios, y en los sótanos habría funcionado un laboratorio clandestino. La versión más terrenal —tampoco confirmada— hablaba de dos científicos alemanes con pasaportes falsos experimentando con armas bacteriológicas: ecos de la posguerra, de rutas de huida nazis y de servicios secretos.
Décadas más tarde, ese caldo de cultivo fue capturado por la mitología de UMMO. Fueron las propias cartas: en marzo de 1969 hablaron de una primera residencia en Albacete, sin nombres (D73); en agosto de 1970 dieron el nombre de la marquesa y la dirección de su casa, en una carta a la asociación ERIDANI, que presidía Jordán Peña (D94), y en agosto de 1971 contaron la historia completa (D108): los supuestos extraterrestres de Ummo se habrían alojado en su casa de Albacete y allí habrían realizado experimentos. Conviene subrayarlo: esto no es un hecho, es una afirmación construida sobre la ficción ummita, esa misma que José Luis Jordán Peña reconoció haber inventado de principio a fin.
⚠ Con pinzas: el crimen de 1954 está documentado en sumarios y prensa. La parte OVNI —ummitas alojados en Albacete, experimentos alienígenas, la casa como "base"— NO está probada. Procede del relato de las cartas, sobre un fraude que su propio autor confesó. Las teorías de nazis, CIA y espías mezclan datos reales del pasado de la marquesa con especulación. Tomarlo como leyenda, no como historia.
Que un caso tan real y tan terrible terminara incrustado en la mitología ummita dice mucho del propio fenómeno UMMO: un fraude que crecía absorbiendo personajes verídicos, misterios sin resolver y rincones siniestros de la España de posguerra. La marquesa de Villasante existió; su crimen también. Los ummitas, en cambio, solo vivieron en las cartas.
Quién era la marquesa: la «Mata Hari española»

Para entender el morbo del caso hay que conocer al personaje. Margarita Ruiz de Lihory (¿1893?-1968) —marquesa de Villasante, condesa de Val del Águila y baronesa de Alcahalí— fue pintora, periodista, abogada y espía, y se ganó a pulso el apodo de «la Mata Hari española». Ejerció de agente doble en el Marruecos español: la prensa la situó cerca de Primo de Rivera, del líder rifeño Abd el-Krim e incluso de un joven Franco (a quien, según la leyenda, salvó la vida dos veces). Viajó a México como activista feminista (1923) y expuso su pintura en Boston (1925). Una vida de novela… hasta el final.
El psiquiatra Cándido Polo le dedicó un ensayo —«Sangre azul. Vida y delirio de Margarita Ruiz de Lihory»— que retrata su biografía como una «patografía». No era poca cosa: hija de un alcalde de Valencia y proclamada Regina dels Jocs Florals de Lo Rat Penat (1907), trató a Henry Ford, retrató al presidente de EE.UU. Calvin Coolidge (pintaba muy bien) y ejerció de quintacolumnista en Barcelona durante la Guerra Civil. Una vida deslumbrante que acabaría en tragedia.
🩸 El crimen. A comienzos de los años cincuenta murió su hija, joven y bella. Lo que halló la policía fue una pesadilla: la marquesa había amputado del cadáver una mano, la lengua y los ojos —al parecer, para conservar «reliquias» de la niña—. Fue procesada; sobre su paso por el psiquiátrico de Carabanchel las fuentes discrepan: diez años, según la Wikipedia; casi nada, según Carballal, que dice haber visto los informes. Murió arruinada el 15 de mayo de 1968 en Albacete y está enterrada junto a su hija. Su palacete de la calle Mayor —la «Casa Corte», conocida como «la Casa de los Fantasmas»— es la pieza que enlaza con Ummo.
👽 El giro ummita del crimen. Años después, los creyentes le dieron la vuelta a todo: decían que los extraterrestres habían montado un laboratorio secreto en el palacete de la marquesa en Albacete, y que unos «experimentos biológicos» habrían contaminado a su hija, obligando a los ummitas a tomar «medidas drásticas para evitar el contagio». Un crimen macabro reescrito como ciencia ficción. Fuentes: Wikipedia · Manuel Carballal · El Español · El Digital de Albacete · El País.
¿Y por qué metió Jordán a la marquesa en el universo Ummo? Él mismo lo aclaró: «Me enteré de que había volado en el Dragón Rapide a Canarias para recoger a Franco antes de la sublevación, y me pareció interesante involucrarla». La marquesa no iba en aquel avión: según Carballal, Peña la confundió con otra. Hasta el crimen ummita podría tener eco literario: José Juan Montejo le preguntó a Jordán en 2013 si los «dos médicos» que la leyenda alojaba en casa de la marquesa le venían de las novelas del villano «Dr. Nikola» (Guy Boothby), donde dos médicos experimentan con un elixir en un castillo. La pregunta quedó sin respuesta publicada. Fuente: El Ojo Crítico nº 77 (José Juan Montejo).
Fuentes: Margarita Ruiz de Lihory — Wikipedia en español · Manuel Carballal — Margarita Ruiz de Lihory, historia de la mano cortada · Manuel Carballal — El misterio de la mano cortada (I) · El Español — El misterio de la mano cortada que acabó con la Mata-Hari española · MASQUEALBA — Qué tiene que ver con Albacete 'Ummo', el caso de ovnis que acabó en escándalo sexual · Confilegal — El caso de la mano cortada: por qué la aristócrata le cortó una mano y le sacó los ojos al cadáver de su hija · El Ojo Crítico — UMMO: sectas, sexo y servicios secretos.
Fernando Sesma, el Café Lion y «La Ballena Alegre»

Antes de que existiera un solo platillo, existió un sótano. Para entender cómo nació en España el mayor fraude ovni de la historia hay que bajar unos escalones en pleno centro de Madrid, a un local con murales de ballenas y sirenas donde, a mediados de los años sesenta, un periodista entusiasta empezó a recibir unas cartas que cambiarían su vida y la de la ufología española. El caso UMMO no surgió de la nada: tuvo una dirección postal, una tertulia y un anfitrión de carne y hueso.
El Café Lion y su Ballena Alegre
El Café Lion abrió sus puertas en 1929 en el número 59 de la calle de Alcalá, a un paso de la plaza de Cibeles, en la zona más señorial del Madrid de la Segunda República. Era un café amplio, de gusto moderno y luz algo tenue, regentado por la familia Gallardo, que con el tiempo llegó a ocupar dos locales contiguos (los números 57 y 59). Pero su rincón legendario estaba bajo tierra.
En el sótano se inauguró en 1931 un salón de estilo germánico sin precedentes en la ciudad, bautizado con un nombre alemán de aire cervecero: Zum Lustigen Walfisch, "La Ballena Alegre". Sus paredes las cubrieron murales de ballenas y sirenas obra del pintor figurativo Hipólito Hidalgo de Caviedes (1902-1994), el mismo artista que decoró el célebre Bar Chicote. Aquel ambiente de fábula submarina sería, décadas después, el escenario más insólito imaginable para hablar de marcianos.
El Café Lion en cifras
- 1929: apertura en calle de Alcalá, 59; el sótano, en 1931.
- Sótano: "La Ballena Alegre" (Zum Lustigen Walfisch), con murales de Hidalgo de Caviedes.
- Aforo de la tertulia ovni: según las crónicas, llegó a reunir hasta unas 300 personas en sus mejores días.
- Hoy: el Lion es un VIPS que conserva el rótulo; al lado hay un pub irlandés, y el sótano, con las ballenas pintadas, volvió a abrirse en 2025, según José Juan Montejo (El Ojo Crítico nº 100).
El cruce de las "dos Españas"
El Lion tiene un lugar propio en la historia cultural de Madrid porque allí convivieron, separadas apenas por una escalera, las dos Españas que pronto se enfrentarían en la Guerra Civil. En las mesas de la planta de arriba se reunían escritores de la Generación del 27 y la tertulia en torno a José Bergamín y su revista Cruz y Raya. Abajo, en la Ballena Alegre, José Antonio Primo de Rivera instaló uno de los círculos de la Falange en los años previos a la contienda.
De aquel sótano nació una de las leyendas urbanas más repetidas de Madrid: que allí se escribió el himno falangista "Cara al sol" en 1935. Conviene tomarla con prudencia, porque no está confirmada y los propios cronistas la discuten. El escritor falangista Agustín de Foxá, por ejemplo, situó la redacción del himno en otro local, la taberna vasca "La Cueva del Orkompon". Sea como fuere, ese poso de historia —vanguardia poética, política de uniforme y, más tarde, platillos volantes— convirtió a la Ballena Alegre en un lugar con vocación de mito.
Fernando Sesma, el contactado de la Ballena
El hombre que llevó los ovnis a aquel sótano fue Fernando Sesma Manzano, funcionario y periodista, aficionado a lo oculto y dotado de un evidente talento para reunir gente alrededor de un misterio. En 1954 fundó en Madrid la Sociedad de Amigos de los Visitantes del Espacio (BURU), considerada el primer "café ufológico" del que hay registro en España. El diario Madrid le encargó escribir sobre el fenómeno ovni, lo que dio a sus ideas un altavoz nada despreciable para la época.
En la Ballena Alegre, Sesma fue tejiendo una tertulia abigarrada de curiosos, espiritistas y autoproclamados "contactados". Él mismo terminó por presentarse como uno de ellos: hablaba de mensajes que, según el mito que cultivaba su grupo, llegaban de «Saliano», un supuesto habitante del planeta Auco. Eran los años del contactismo, una corriente importada de Estados Unidos en la que personajes carismáticos decían recibir comunicaciones de seres del espacio cargadas de mensajes morales y cósmicos. Sesma encajaba a la perfección en ese molde, y su sótano de ballenas pintadas era el decorado ideal.
Las primeras cartas de un planeta lejano
Fue a esa tertulia, y a ese personaje predispuesto a creer y a divulgar, a donde empezaron a llegar a mediados de los años sesenta —en torno a enero de 1966, según las crónicas— las primeras cartas y llamadas firmadas por unos supuestos extraterrestres del planeta Ummo. Sesma no fue el único destinatario, pero sí el más entusiasta: aprovechó aquel material para escribir y publicar, y se convirtió en una figura célebre dentro de los círculos ovni. De su pluma salieron títulos como Los platillos volantes vienen de otros mundos (1955) o Ummo, otro planeta habitado (1967).
Aquí está la clave que el resto de esta investigación irá desgranando: las cartas no venían de ningún astro lejano. Eran, como acabaría confesando su verdadero autor, José Luis Jordán Peña, un montaje urdido sobre la mesa. Y la diana perfecta para lanzarlo ya estaba servida: un grupo crédulo, ávido de maravillas y reunido cada semana en el sótano más literario de Madrid.
⚠ Importante: nada de lo que "decían las cartas" sobre el planeta Ummo era real. El caso fue un fraude que su propio inventor, Jordán Peña, reconoció años después. La Ballena Alegre y la buena fe de Fernando Sesma fueron el terreno donde plantó la semilla, no la prueba de ninguna visita del espacio.
El sótano de las ballenas pintadas, donde un día habían discutido poetas y falangistas, se convirtió así en la cuna física del engaño. Cuando esas primeras cartas pasaron de mano en mano entre las mesas de la tertulia, el caso UMMO acababa de nacer. Lo que vino después —los nombres, los símbolos, las fotos del platillo de San José de Valderas— ya tenía un punto de partida con dirección postal exacta: calle de Alcalá, 59, Madrid.

Quién es quién en «La Ballena Alegre»
De aquella tertulia salieron casi todos los nombres del caso. Estos son los principales (y, más abajo, algunas fotos de época del sótano):
- Fernando Sesma — el periodista anfitrión, fundador de la tertulia; primer receptor de las cartas.
- José Luis Jordán Peña — el contertulio que, se sabría décadas después, lo inventó todo.
- Vicente Ortuño — su «testigo» y cómplice en los avistamientos y las fotos.
- Rafael Farriols — el empresario que financió la investigación y custodió los negativos.
- Antonio Ribera — el divulgador que consagró el caso en sus libros.
- Enrique Villagrasa — uno de los destinatarios habituales de la correspondencia.
Las caras de la tertulia




El sótano, en fotos de época
La fachada del Café Lion, en la calle de Alcalá; y, bajando las escaleras, «La Ballena Alegre», con los murales que pintó Hipólito Hidalgo de Caviedes —suya es la ballena con la ciudad a cuestas que dio nombre a la sala—.



Allí la tertulia de Fernando Sesma —funcionario de Telégrafos y aficionado al misterio— «tomaba café con extraterrestres». Antes, en los años treinta, arriba se sentaban Valle-Inclán o la tertulia de Bergamín, y abajo, en la Ballena, los actores de La Barraca de Lorca y los fundadores de la Falange.


El libro de referencia
Para bucear en este ambiente, el periodista Eduardo Bravo le dedicó un ensayo imprescindible: «UMMO, lo increíble es la verdad», que reconstruye cómo de aquel sótano —entre el «Cara al sol» y los platillos— salió el mayor bulo ovni de España.

Más: sobre el libro de Eduardo Bravo (laSexta) · «La Ballena Alegre», sus tertulias y sus ovnis.
Antes de Ummo: la tertulia ya «hablaba con marcianos»
Esto es clave para entender por qué cuajó: cuando llegaron las cartas de Ummo (1965-66), «La Ballena Alegre» llevaba años charlando con extraterrestres. El propio Sesma decía recibir mensajes de «Saliano», un ser del planeta Auco (cerca de Alfa Centauro), que leía y comentaba en la tertulia —textos alegóricos e irónicos, muy distintos de los técnicos de Ummo—. Y la propia sociedad se llamaba BURU por el «planeta» de un bulo aún anterior. En ese caldo de contactados, unos folios mecanografiados «de otro mundo» no chocaban: encajaban. Fuente: El Ojo Crítico nº 95 y nº 100 (José Juan Montejo).

👨👩👦 El germen, según la familia. Su hija contó que todo empezó como «una broma de mi padre y mi tío… el primer germen», antes de escalar con la primera carta a Sesma. Y que el primer «personaje» no fueron los ummitas, sino Saliano: «era más críptico y antipático… como el piloto fallido de algunas series, no tuvo la audiencia esperada, pero la idea se reformuló». Hasta hay un guiño íntimo: un tío abuelo médico, fundador de una liga antitabaco, bromeaba con que un cigarro es «un cilindro con humo a un lado y un tonto al otro»… y una de las primeras cartas ummitas calca el chiste. Ummo… humo. Fuente: entrevista de Carlos Prieto en El Confidencial (2022), reproducida en El Ojo Crítico nº 95.
¿Y cómo murió la tertulia? Mal: en diciembre de 1971, varios antiguos contertulios fueron detenidos, acusados de haber montado una especie de secta de amor libre y drogas que «adoraba» a un extraterrestre (Pueblo, 6-XII-1971; no consta que se les condenara); la policía intervino, «La Ballena Alegre» se apagó y, a finales de 1972, Sesma vendió su archivo ummita a Farriols. Curiosidad: por la sociedad BURU de Sesma habían pasado figurones como Buero Vallejo, Alfonso Paso o los hermanos Ozores. Fuente: El Ojo Crítico nº 100 (José Juan Montejo).
¿Y de dónde salió el nombre «Buru»? De otro bulo anterior: una carta anónima de 1954 sobre un tal «teniente Sitte», un piloto de EE. UU. supuestamente llevado al planeta Buru, que Sesma publicó como real. Con los años, ya escamado, lo enterró y dijo que «Buru» era «un vocablo del antiguo idioma sumerio». (Casualidad final: en 2000 se descubrió un exoplaneta real, HD 83443 b, que en 2019 Kenia bautizó como Buru.) Fuente: El Ojo Crítico nº 95 (José Juan Montejo).
Fuentes: Café Lion — Wikipedia en español · El Café Lion y su Ballena Alegre — Antiguos Cafés de Madrid · Ummo y el primer 'café ufológico': La Ballena Alegre — Alternativa OVNI · Fernando Sesma, el contactado español — Ediciones Halbrane · La Ballena Alegre, sus tertulias y sus ovnis — Agente Provocador · Establecimientos míticos de Madrid: El Café Lion y La Ballena Alegre — ESAH.
Las cartas: cómo funcionaban y qué contaban
Si el caso UMMO sobrevivió más de medio siglo no fue por luces en el cielo, sino por papel. El corazón del fraude no estaba en ningún platillo, sino en cientos de folios mecanografiados que, desde 1966-1967, empezaron a llegar a los buzones de un puñado de españoles muy concretos. Eran las llamadas cartas de UMMO: el aparato de propaganda de una civilización que no existía, redactado —según confesó él mismo en 1993— por el aficionado a la parapsicología José Luis Jordán Peña.
Un archivo con etiqueta: el código "D"
Lo primero que llama la atención es el método. No eran notas sueltas: formaban un corpus organizado, que hoy se cita con un código que empieza por la letra "D" seguida de un número —D-41, D-57, D-69…—. Parece el registro de salida de una administración interplanetaria, pero no lo es: es el prefijo del catálogo Ummocat de Ignacio Darnaude, y el número no sigue la fecha (la D29 es de marzo de 1966; la D977, de 1967; la D1378, de 1988). El truco estaba en el tono burocrático de las propias cartas, que daba sensación de continuidad, de archivo coherente, de que detrás había una institución y no un hombre con una máquina de escribir.
El documento fundacional fue el D-41, que llegó a manos de Fernando Sesma Manzano, animador de la tertulia esotérica de la cafetería madrileña La Ballena Alegre, en los sótanos del Café Lion, en la calle de Alcalá. Sesma lo tomó al principio por "una broma bien organizada". Era, en realidad, la carta de presentación del mito: una especie de ficha enciclopédica sobre el planeta y sus habitantes, los ummitas, que —según las cartas— procedían de un astro lejano y se comunicaban por telepatía.
«Procedemos de un astro solidificado cuyas características geológicas externas difieren un tanto de las de TIERRA…»
Es de la carta D74 (marzo de 1969). Conviene recordar: esto es ficción. El "astro solidificado" nunca existió; lo escribía un vecino de Madrid.
Destinatarios selectos: el público adecuado
Jordán no escribía a cualquiera. Eligió a un círculo reducido y bien escogido. Primero, los contertulios de La Ballena Alegre. Después, conforme el mito ganaba prestigio, los sobres fueron a parar a nombres con peso: el industrial catalán Rafael Farriols —que llegó a financiar la causa y a coescribir el libro Un caso perfecto—, el divulgador Antonio Ribera, principal popularizador del fenómeno, o Enrique Villagrasa, entre otros médicos, ingenieros, científicos y periodistas. Al apuntar a personas instruidas y respetables, el fraude se blindaba: si gente seria se lo creía, debía de ser serio.
El sello extranjero y la voz al teléfono
La puesta en escena era clave. Muchas cartas llegaban por correo con matasellos de otros países —Londres, París, Berlín—, lo que reforzaba la idea de una red mundial de "exploradores" ummitas repartidos por el planeta. La explicación mundana es prosaica: Jordán redactaba los textos los fines de semana y aprovechaba viajes —propios o de cómplices— para echar los sobres al correo lejos de España. A ello se sumaban llamadas telefónicas con voz distorsionada, que añadían inmediatez y misterio a la correspondencia escrita.
Por qué impresionaban: ciencia "de revista"
El gancho intelectual era el contenido. Las cartas desplegaban física, matemáticas, biología y filosofía aparentemente avanzadísimas: cosmología, dimensiones plegadas, genética, organización social. En la España franquista, con fronteras informativas y revistas científicas extranjeras casi inaccesibles, aquello sonaba a revelación. Pero, como demostraron investigadores como Manuel Carballal, gran parte de ese saber no era profético: estaba copiado o reciclado de publicaciones científicas reales que el lector medio español no podía consultar. No se adelantaba al futuro; se traducía el presente que casi nadie tenía a mano.
El ejemplo de manual es la holografía, presentada a veces como "acierto" anticipatorio ummita. Falso: la holografía la había formulado el físico Dennis Gabor a finales de los años cuarenta (Premio Nobel en 1971), y con la llegada del láser, a comienzos de los años 60, se volvió práctica. Cuando las cartas hablaban de ella, la tecnología ya existía en la literatura científica. No predecían; copiaban.
⚠ Cautela con el "corpus": no todo lo que circula como carta ummita salió de Jordán. Desde muy pronto aparecieron imitaciones y falsificaciones, y con la llegada de internet el goteo se disparó. El resultado es un archivo contaminado, donde distinguir el "original" del añadido es casi imposible. Cualquier afirmación sobre "lo que decían las cartas" debe tomarse con pinzas.
En conjunto, las cartas funcionaban como una novela por entregas disfrazada de informe: dosificada, coherente, con su tono de archivo y su matasellos exótico, dirigida justo a quien quería creer. Esa mezcla de método, paciencia y público elegido —no la astronáutica— es lo que convirtió a UMMO en el mayor fraude ovni de la historia de España.
Escritas a máquina y firmadas con un sello
Todas las cartas iban mecanografiadas en máquinas españolas (con ñ) y rematadas con el famoso sello de Ummo; muchas llevan, encima, correcciones a mano hechas después con rotulador fino. Jordán Peña contó que las escribía con su propia máquina, con las de la oficina y con las de algunos amigos, y las propias cartas decían que las dictaban a un mecanógrafo terrestre al que pagaban.
¿Y por qué no escribían «ellos»? Aquí el mito y la logística encajan: las cartas presentaban a unos seres de yemas hipersensibles, para quienes aporrear un teclado terrestre sería un suplicio —la coartada perfecta para que todo pasara por las manos de una mecanógrafa de carne y hueso—. (Matiz honesto: lo documentado es que hubo varios mecanógrafos humanos; que recurrieran a una secretaria por esa razón concreta forma parte del relato.)



Cómo viajaban las cartas (y los imitadores)
El truco del envío era esencial para la ilusión «no terrestre»: se echaban al correo con matasellos de otros países —Alemania, Francia e Inglaterra, según Peña—, aprovechando los viajes de Jordán Peña o usando a colaboradores de «carteros». Iban dirigidas, sobre todo, a Fernando Sesma y a los contertulios del Café Lion, y luego a científicos y periodistas escogidos.
Con los años, el «buzón ummita» se descontroló: surgieron imitadores que escribían sus propias cartas, el propio Jordán reconoció colaboradores, y el goteo de «nuevas cartas» llega hoy hasta el correo electrónico y Twitter. El corpus —catalogado en miles de páginas— está tan contaminado que distinguir la carta «auténtica» del plagio se ha vuelto parte del propio enigma. (Xataka · UMMOCAT, de Ignacio Darnaude.)
Y el truco de la «prueba de contacto» se mantuvo durante décadas: en 1981, Salvador Freixedo recibió en Puerto Rico una carta ummita que le exigía publicar un anuncio en inglés en la prensa para confirmar su interés; lo puso… y nunca hubo respuesta. (Por cierto: las célebres «fotos tridimensionales» que circularon como prueba ummita eran simples estereogramas comerciales, y se las llevó a Sesma Vicente Ortuño, el otro testigo de Aluche.) Fuentes: El Ojo Crítico nº 90 (José Juan Montejo, lo de Freixedo) y nº 50 (Manuel Carballal, las fotos).
Fuentes: Ummo — Wikipedia en español · Un recorrido a través de la historia de Ummo — Espacio Misterio · UMMO: veredicto final — Alberto Noguera · Ummo y su correspondencia (I) — Desde la penumbra (Jorge Romero Gil) · Dennis Gabor — Wikipedia (holografía, Nobel 1971) · UMMO: el mayor fraude ufológico de la historia — Los misterios de Javier Lobato.
«¿Platillos volantes en Madrid?»

El gran fraude de Ummo no empieza con cartas mecanografiadas ni con planetas en la constelación de Virgo. Empieza, como casi todo, con una luz en el cielo y un titular de periódico. La fecha es el 6 de febrero de 1966; el escenario, el sur de Madrid, entre los barrios de Aluche y los descampados que entonces separaban la capital de los pueblos del cinturón. Allí, según se contó, un objeto volante no identificado descendió sobre un terreno baldío y dejó su firma impresa en el suelo. Fue el primer ladrillo de la mayor patraña ovni de la historia de España.
La España que miraba al cielo
Para entender por qué prendió la chispa hay que situarse en el ambiente. Mediados de los sesenta: plena fiebre de los platillos volantes en todo el mundo. Estados Unidos vivía oleadas de avistamientos, el término "ovni" se había popularizado y en España un puñado de pioneros —periodistas, aficionados, divulgadores— alimentaban la curiosidad del público. El periodismo del momento, además, era profundamente sensacionalista. El semanario de sucesos El Caso, fundado en 1952 por Eugenio Suárez, era el rey indiscutible del género: crímenes truculentos, misterios, titulares a toda página. Un platillo aterrizando en Madrid era, sencillamente, oro periodístico. El terreno estaba abonado para que cualquiera con imaginación y algo de astucia sembrara un bulo y lo viera crecer solo.
Las huellas en el descampado
El elemento estrella del supuesto aterrizaje no fueron luces ni naves plateadas, sino unas marcas en el suelo. Se describieron tres marcas rectangulares, de unos 15 por 30 centímetros y hasta 12 de profundidad, con una «X» en el fondo. El signo que años después aparecería por todas partes como "logotipo" de los ummitas no estaba en el suelo: el testigo Jordán lo describió en la panza de la nave, en una carta del 26 de febrero de 1966. Esa coincidencia —el emblema del testigo repetido luego en las cartas y en las célebres fotografías— es justamente lo que delata el montaje: no hay azar que valga cuando el mismo emblema reaparece en cada capítulo de la historia.
Las claves del 6-F de 1966
- Dónde: la finca El Regajal, en Aluche (Madrid). San José de Valderas (Alcorcón) es otro sitio y otro caso, de 1967.
- Qué se dijo: aterrizaje de un ovni que dejó tres huellas en el suelo.
- Quién lo difundió: el diario Informaciones, al día siguiente, en portada; Pueblo, el 8; El Caso, días después.
- Quiénes figuraban como testigos: entre ellos, José Luis Jordán Peña y Vicente Ortuño.
Dos hombres y una pensión
Aquí está el verdadero corazón del fraude. Entre quienes aparecieron vinculados al avistamiento figuraban José Luis Jordán Peña —aficionado a la parapsicología, el hombre que décadas después confesaría haberlo inventado todo— y Vicente Ortuño. Lo que en su día parecía la coincidencia de dos testigos independientes resultó ser otra cosa muy distinta: los dos se conocían y compartían pensión. No eran observadores casuales; eran cómplices. Cuando años más tarde se le preguntó a Jordán Peña por aquellas marcas, la respuesta fue demoledora en su sencillez: dijo que él y Vicente las habían fabricado con un molde de plástico enterrado y que después quemaron el terreno para simular el rastro del aparato. Ni nave, ni motor, ni visitantes de Virgo: dos amigos y una noche de trabajo manual.
El golpe de Carballal: nadie lo vio
El dato más revelador no llegó en 1966, sino mucho después, cuando el periodista e investigador Manuel Carballal —referencia del escepticismo español y editor de la publicación crítica El Ojo Crítico— se puso a hacer trabajo de campo sobre el caso. Carballal, que entre 1997 y 1998 acabaría obteniendo la confesión completa de Jordán Peña como autor intelectual del fraude, intentó algo que parece elemental pero que nadie había hecho con rigor: localizar a un testigo de primera mano. Alguien que dijera "yo estaba allí, yo lo vi con mis ojos".
No encontró ninguno. Quienes hablaban del aterrizaje no habían presenciado nada: repetían lo que habían leído en la prensa. El avistamiento de Aluche no se sostenía sobre observación directa, sino sobre el eco mediático de sí mismo. Un titular generaba comentarios, los comentarios se convertían en "lo que todo el mundo sabía", y ese saber colectivo terminaba pasando por testimonio. Es el mecanismo perfecto de una leyenda urbana: la fuente original es un periódico, pero al cabo de un tiempo nadie recuerda que la fuente era un periódico.
⚠ Conviene recordarlo en cada capítulo: todo esto es un fraude confesado. Jordán Peña reconoció en 1993 ser el creador del engaño. Cuando aquí se habla de "naves", "huellas" o "visitantes", se está describiendo lo que se contó entonces, no un hecho real. El planeta Ummo y sus habitantes nunca existieron.
El ensayo general
Visto con perspectiva, lo de Aluche fue el banco de pruebas. Un experimento de baja inversión —dos personas, una noche, un titular sensacionalista— que demostró a su autor hasta qué punto el público estaba dispuesto a creer. Año y medio después, el 1 de junio de 1967, llegaría la jugada maestra en San José de Valderas, con maqueta colgada de un hilo y fotografías que darían la vuelta al mundo. Pero la lección ya estaba aprendida en 1966: con una idea sugestiva, una prensa hambrienta de misterio y un símbolo memorable, no hacía falta ningún platillo. Bastaba con que alguien lo escribiera primero.


☢️ Un detalle que ocultó hasta a sus cómplices. Jordán confesó que en Aluche, además de estampar las huellas con un molde, esparció tierra radiactiva alrededor para que cuadrara con un «aterrizaje». «Lamentablemente —o por fortuna— nadie usó un Geiger en Aluche», ironizaba Carballal. Fuente: El Ojo Crítico (Manuel Carballal), nº 50.
🛰️ La huella falsa que llegó a la NASA… y al Pentágono. El delirio tiene una coda increíble: aquella huella inventada de Aluche acabó citada como «prueba física» por un ingeniero de la NASA (Paul R. Hill) en su libro sobre ovnis, y de ahí saltó —casi calcada— a un libro de 2023 sobre el programa ovni del Gobierno de EE. UU. (Lacatski, Kelleher y Knapp). El ummólogo Jean Pollion llegó a «calcular» que la nave habría pesado 42 toneladas. Una mancha en la tierra de Madrid convertida en dato para los expedientes UAP. Fuente: El Ojo Crítico nº 97 (José Juan Montejo).
📌 Premeditación desde el minuto uno. Que no fue improvisado lo prueba un documento inédito: una carta manuscrita de Jordán al ufólogo Manuel Pedrajo contando su «avistamiento» con fecha del 11 de febrero de 1966, ¡a solo cinco días del suceso! Su propia hija lo tiene claro, según Montejo: su padre difundió a posta su dirección para que se pusieran en contacto con él y luego fingir que estaba abrumado. Fuente: El Ojo Crítico nº 91-92 (José Juan Montejo).
Fuentes: Ummo — Wikipedia en español · Manuel Carballal — Wikipedia en español · Los avistamientos de ovnis en 1966 en Aluche — Guía de Aluche · UMMO, el pedazo de la historia franquista que mezcló ovnis, sectas y disecciones — Xataka Magnet · Vendedores de Ummo: el fraude perfecto para una España crédula — Vozpópuli · UMMO: el mayor fraude ufológico de la historia — Los misterios de Javier Lobato.
San José de Valderas: las fotos y cómo se trucaron

Si el caso UMMO tiene una imagen grabada en la retina colectiva, es esa: un disco gris, de bordes nítidos, suspendido sobre los pinares de la madrileña urbanización de San José de Valderas, con un símbolo inconfundible pintado en el vientre. Ese signo —dos líneas verticales unidas por una horizontal y un círculo, una especie de ")+("— era el mismo que firmaba las cartas ummitas que llevaban años circulando entre un puñado de creyentes. La fotografía pareció cerrar el círculo: por fin había una prueba. Salvo que no lo era. Era, como confesaría su propio autor, una maqueta colgada de un hilo.
El día que UMMO se hizo visible
El 1 de junio de 1967, según el relato montado en torno al caso, una nave discoidal sobrevoló San José de Valderas, en el actual término de Alcorcón, a las afueras de Madrid. A los pocos días, el diario vespertino Informaciones recibió fotografías anónimas del objeto. El periodista Antonio San Antonio recogió el material y el periódico lo difundió. El golpe de efecto fue total: la nave no solo estaba fotografiada, sino que exhibía el emblema de UMMO, el mismo de las cartas. La historia saltó a otros medios y, con el tiempo, dio la vuelta al mundo, convirtiéndose en el avistamiento español más célebre y en la columna vertebral visual de todo el mito.
El problema, ya entonces, es que las imágenes llegaron sin testigos sólidos detrás. Los supuestos autores eran anónimos o ilocalizables, y los negativos se entregaron sueltos, recortados, sin la tira completa que cualquier laboratorio serio habría exigido para autentificar una secuencia. Ese detalle —negativos cortados y entregados de uno en uno— es la primera grieta del montaje, y no es casual.
El truco, explicado paso a paso
Décadas después, en 1993, José Luis Jordán Peña confesó ser el cerebro del fraude UMMO, y en 1997, ante Manuel Carballal, descorrió el telón del truco fotográfico. La receta, reconstruida a partir de su confesión y replicada por investigadores escépticos, era de una sencillez casi humillante para quienes habían visto en aquellas fotos la prueba del siglo.
La maqueta de las 130 pesetas (según la reconstrucción del caso):
- El cuerpo: dos platos de plástico unidos por los bordes, formando el clásico disco de "platillo volante".
- La cúpula: una semiesfera transparente —descrita como el fondo de un vaso de camping— encajada encima.
- El sostén: un hilo de nylon muy fino del que colgaba la maqueta, fotografiada al aire libre contra el paisaje real.
- El símbolo: el emblema ummita pintado en la panza, para "firmar" la nave y ligarla a las cartas.
La clave estaba en la cámara. Jordán disparaba a una velocidad de obturación altísima, del orden de 1/1000 de segundo, lo bastante rápido para congelar la maqueta sin que vibrara y para que el hilo, finísimo, apenas dejase rastro. Después venía la cocina del laboratorio: revelaba forzando el grano de la película, de modo que la textura granulada tragaba el hilo de nylon y disimulaba cualquier asomo del soporte. Y cuando un fotograma resultaba demasiado delator —porque se veía el hilo, o incluso, según el relato del caso, la mano del cómplice que sujetaba el montaje—, sencillamente recortaba el negativo. De ahí los negativos sueltos y cercenados: no eran un descuido, eran la prueba mutilada.
Los que lo vieron venir (y los que no quisieron verlo)
No todo el mundo picó. El meteorólogo coruñés Óscar Rey Brea, una de las mentes técnicas que examinó el material, las declaró falsas desde temprano: con las fotos impresas en Un caso perfecto, concluyó en 1970 que se habían hecho con trípode y por un solo fotógrafo. Años más tarde, el documentalista Ignacio Darnaude Rojas-Marcos recopiló y difundió los análisis técnicos de las fotos de Valderas, manteniendo vivo el debate y el archivo del caso. Aun así, una parte de la ufología quiso seguir creyendo: hubo análisis que defendían la autenticidad, a menudo trabajando sobre copias de segunda generación en lugar de los originales, lo que invalidaba sus conclusiones.
⚠ Conviene no confundir avistamientos: la "nave" de Valderas de 1967 es un fraude fotográfico confesado. Algunos textos mezclan fechas y lugares (por ejemplo, el episodio de Aluche de 1966); aquí hablamos en concreto del lote de fotos del 1 de junio de 1967 atribuido a San José de Valderas.
La prueba definitiva: la réplica de 1997
La estocada final llegó de la nueva generación de investigadores. En 1997, el periodista e investigador Manuel Carballal hizo lo que ningún defensor del caso se había atrevido a hacer: reproducir las fotos. Con una maqueta parecida, el mismo tipo de hilo y una película de la misma sensibilidad, a la misma hora y treinta años después, obtuvo imágenes equiparables a las "históricas" de Valderas. Carballal venía a confirmar, con una demostración práctica, lo que el francés Claude Poher ya había sugerido en los años setenta: que el objeto era un modelo suspendido de un hilo. La leyenda extraterrestre quedaba reducida a un ejercicio de bricolaje y revelado casero.
El caso Valderas resume en una sola foto la mecánica de UMMO: una pieza de atrezo barata, un poco de química de laboratorio, el anonimato como coartada y, sobre todo, un público que quería creer. Jordán Peña lo confesó. La réplica de Carballal lo demostró. Pero la imagen del disco con el símbolo ")+(" sigue circulando, prueba de que un buen fraude, una vez fotografiado, es casi imposible de borrar.
📎 Cómo se reprodujo el truco, paso a paso: Manuel Carballal explica el montaje y replicó las fotos con el mismo hilo y una película de la misma sensibilidad, exactamente 30 años después (mayo de 1997) — léalo en El Ojo Crítico.


El veredicto técnico: una maqueta, y de las cutres
Cuando los expertos metieron mano a las fotos, el «platillo» se deshizo. El francés Claude Poher, del Centro Nacional de Estudios Espaciales, analizó los negativos en 1976 y concluyó que eran de una maqueta de unos 20 centímetros, fotografiada con trípode. En Estados Unidos, el laboratorio Ground Saucer Watch (Phoenix), con una copia, llegó a lo mismo: una maqueta pequeña fotografiada cerca de la cámara. Hubo hasta un detalle tragicómico: la línea que el GSW tomó por el hilo del que colgaba la nave era, según la Guardia Civil, un arañazo en el negativo. Ningún análisis de los originales ha encontrado el hilo, y Poher dedujo la maqueta sin verlo. Treinta años después, Carballal rehízo las fotos con el mismo tipo de hilo. Caso cerrado. Fuentes: análisis técnico (Ignacio Darnaude) · el «hilo» según la Guardia Civil (ufologie).

La prueba que lo delató: el troquel de acero
Carballal le sonsacó a Jordán el dato más incriminatorio de todos: el símbolo )+( de las láminas «ummitas» lo grabó él con un troquel de acero que guardaba, décadas después, en el mismo cajón que el sello original de las cartas. Se lo prestó para la Policía Científica: «la única evidencia física de la implicación de Jordán en el fraude». Del trucaje confesó hasta los detalles: una maqueta de «dos platos de plástico y una semiesfera transparente» colgada de un hilo de nylon y fotografiada a 1/1000; reveló él mismo los negativos forzando el grano para esconder el hilo, y cortó la tira porque en algunos fotogramas asomaban el hilo y la mano de su cómplice Ortuño. Guinda: la lámina que «certificó» el INTA la había enviado el propio Jordán… y la analizó el general Calvo, tío de Farriols. (Dato curioso: Carballal apunta que sí existe un expediente ovni real del Ejército del Aire —el 660603—, un avistamiento de pilotos militares apenas dos días después del «caso» Valderas; quizá ayudó a que algunos se «creyeran» el montaje.) Fuente: El Ojo Crítico (Manuel Carballal), nº 50.
Fuentes: Ummo — Wikipedia (es) · Vendedores de Ummo: el fraude perfecto para una España crédula — Vozpópuli · UMMO, la ufología del botijo — Espacio Misterio · UMMO: nuevos datos sobre el caso Valderas — El Ojo Crítico · Cronología del caso Ummo — zyberEtika.
Los tubos de níquel de Valderas
Las dos series de fotografías de aquel 1 de junio de 1967 son la imagen más célebre del caso, pero por sí solas eran solo eso: imágenes. Lo que convirtió el episodio de San José de Valderas en una "prueba" que durante décadas resistió a los escépticos fue otra cosa, algo que se podía coger con la mano, llevar a un laboratorio y someter a un espectrómetro. Esa segunda pata del montaje fueron los famosos tubos de níquel de Valderas: unos pequeños cilindros metálicos que, según la versión oficial del mito, habían quedado abandonados por la nave en su breve toque en tierra.
El doble aterrizaje del mismo día
El relato encajaba como un mecanismo de relojería. El mismo día en que la nave lenticular sobrevoló durante varios minutos la urbanización de San José de Valderas, en Alcorcón, al suroeste de Madrid, se dijo que el objeto había hecho un segundo y fugaz descenso a pocos kilómetros, en un descampado próximo a la colonia de Santa Mónica, en la zona de Aluche. Allí, según las crónicas de la época, aparecieron tres marcas de aterrizaje en el suelo —similares a las que ya se habían descrito en un supuesto aterrizaje anterior en el mismo Aluche en febrero de 1966— y, enterrados o semienterrados, unos cilindros metálicos.
La gracia del montaje estaba en la coherencia: las fotos demostraban que la nave existía, y los tubos demostraban que la nave había aterrizado. Una cosa apuntalaba a la otra. Y a diferencia de un negativo, que siempre puede trucarse, un trozo de metal admitía análisis físico-químico. Ahí residía su fuerza propagandística.
Qué eran exactamente
El objeto, según las descripciones de la época:
- Pequeños tubos cilíndricos de unos 13 centímetros de largo y muy poco diámetro.
- Compuestos de níquel de altísima pureza (en torno al 99 %).
- En su interior, una tira de plástico verdoso enrollada, estampada con el característico símbolo de Ummo, esa especie de doble paréntesis con una cruz o aspa en medio: )+(
El plástico era la pieza clave. Cuando una muestra se llevó a analizar —los creyentes citaban el informe del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), de octubre de 1968—, el veredicto fue que se trataba de un material desconocido en España por aquel entonces. Y aquí viene el matiz importante: los analistas no mentían. El material existía y era poco común. Se trataba de fluoruro de polivinilo (PVF), un polímero que la industria estadounidense —comercializado como Tedlar por DuPont— empleaba en aplicaciones aeroespaciales. En la España de 1967 se conocía el cloruro de polivinilo (el PVC de toda la vida), pero la versión fluorada resultaba exótica. Ese dato bastó para alimentar la leyenda durante años: si el material era "imposible de conseguir aquí", ¿de dónde había salido?
Según las cartas ummitas, la respuesta era cósmica. Un documento dirigido al ufólogo Fernando Sesma llegó a afirmar que aquella lámina era un polímero obtenido en el planeta Ummo. El mito se mordía la cola: el objeto probaba la carta, y la carta explicaba el objeto.
Cómo se entendió el truco
La explicación, prosaica hasta lo doloroso, la dio el propio cerebro del fraude. José Luis Jordán Peña confesó años después —en las indagaciones recogidas por el investigador Manuel Carballal— que él mismo había fabricado las dos piezas del montaje. Los cilindros no eran reliquias estelares, sino fundas de níquel para termómetros, un objeto industrial corriente. El símbolo lo había grabado encargando un troquel de acero en un taller metalúrgico, con el que estampaba la marca de Ummo sobre las tiras de plástico.
¿Y el plástico "imposible"? También tenía una procedencia terrenal. Jordán Peña sostuvo que había conseguido las láminas a través de un contacto vinculado a la ingeniería aeroespacial estadounidense —un material que NASA usaba en juntas de cohetes—, precisamente por su rareza en España. Es decir: eligió a propósito un compuesto que aquí nadie reconocería, para que cualquier análisis honesto arrojase el inquietante resultado de "sustancia desconocida". El truco no consistía en falsificar el laboratorio, sino en elegir el material que haría que un laboratorio honesto dijera justo lo que él quería.
⚠ Conviene no idealizar la "prueba imposible". Los cilindros originales nunca se conservaron debidamente: hoy apenas quedan fotografías y muestras parciales, y desaparecieron de la circulación. Eso significa que, además de fraudulentos, eran técnicamente irreproducibles para cualquier verificación independiente posterior. La leyenda de la "prueba física infalsificable" se sostenía, en buena parte, sobre objetos que ya no se podían examinar.
El reportero que reconstruyó el caso llegó incluso a reproducir láminas idénticas siguiendo el método que Jordán Peña describió, cerrando así el círculo: un símbolo grabado con troquel, un plástico raro pero perfectamente humano y unas humildes fundas de termómetro bastaron para crear, durante medio siglo, una de las "evidencias extraterrestres" más citadas de Europa. La prueba que parecía imposible de falsificar fue, en realidad, una de las falsificaciones mejor pensadas del caso.
🧪 La «prueba física» definitiva… era plástico. El mismo día de Valderas (1 de junio de 1967), junto a las marcas del «aterrizaje» en la finca «La Ponderosa» (Santa Mónica) aparecieron enterrados unos pequeños tubos de níquel. Dentro, una tira de material verdoso estampada con el símbolo de Ummo. Los creyentes lo vendieron como la prueba irrefutable: ¡un níquel «imposiblemente puro», inimitable en la Tierra! Pero el INTA lo analizó en 1968: era níquel de una pureza «posiblemente» superior al 99 %, y la tira, un plástico industrial fluorado que Farriols identificó después como Tedlar, de Du Pont. La gran evidencia material del caso Ummo resultó ser un trozo de metal corriente y un plástico con un dibujo. Fuentes: Xataka · Dudando de todo.
Fuentes: Manuel Carballal — La confesión de Jordán Peña al policía que no lo era · UMMO: veredicto final — Alberto Noguera · El Ojo Crítico — Ummo: sectas, ovnis, sexo y servicios secretos · Cronología del caso Ummo — zyberEtika · Les événements d'Aluche et de San José de Valderas — ummo-sciences.org · Polifluoruro de vinilo (PVF) — Tecnología de los Plásticos.
El gallego sabio huele el fraude

En la historia de Ummo, el mayor fraude ovni jamás urdido en España, hay un personaje que merece un capítulo propio precisamente porque vio el engaño antes que nadie y pagó por ello con el ostracismo. Se llamaba Óscar Rey Brea, era gallego, meteorólogo y, según lo bautizó el mismísimo Antonio Ribera, "el gallego sabio". Su historia es la del primer escéptico de un timo que tardaría décadas en derrumbarse, y la de cómo la propia ufología castiga a quien se atreve a pinchar el globo.
El primer ufólogo del mundo (puede que literalmente)
Óscar Rey Brea nació en A Coruña el 6 de enero de 1923 y murió el 8 de julio de 1977. Trabajaba como funcionario en el observatorio meteorológico coruñés, bajo jurisdicción militar del entonces Ministerio del Aire, una dependencia que le obligó durante años a firmar sus textos de forma anónima o bajo el seudónimo Óscar Rebre, por miedo a represalias. Aficionado apasionado a la astronomía —fue distinguido con un premio de la sociedad astronómica Aster—, reunía la formación ideal para distinguir un avistamiento real de un planeta, un globo sonda o un reflejo.
Su credencial más asombrosa es cronológica. Rey Brea empezó a llevar un diario de fenómenos extraños en 1945, a raíz de un avistamiento de una luz inexplicada sobre A Coruña fechado el 15 de octubre de 1945 que presenciaron sus propios padres. Eso es dos años antes del célebre avistamiento de Kenneth Arnold de 1947 que popularizó el término "platillo volante" en Estados Unidos. Por eso muchos lo reivindican no solo como el primer ufólogo español, sino, posiblemente, como el primero del mundo.
Ficha del gallego sabio
- Óscar Rey Brea (A Coruña, 6-I-1923 – 8-VII-1977).
- Funcionario del observatorio meteorológico coruñés; sólida formación astronómica.
- Voluntario de la División Azul en el frente ruso (enlace motorista).
- Primeros artículos hacia 1950 en la prensa gallega (El Ideal Gallego), firmados como "Óscar Rebre".
- Autor de la "teoría bienal": relacionaba los picos de avistamientos con los acercamientos Tierra–Marte.
No era un crédulo. Rey Brea fue el inventor en España de lo que hoy llamaríamos ufología científica: filtraba primero todo lo explicable —fenómenos astronómicos, meteorológicos, aeronáuticos— antes de declarar un caso "inexplicado", y practicaba lo que él entendía como trabajo de campo, entrevistando testigos y buscando pruebas físicas. Sus colegas, incluidos los más famosos, lo consultaban como una autoridad. Esa misma frialdad de método sería, andando el tiempo, su perdición dentro del gremio.
El hombre que olió el fraude: Valderas y Wolf 424
Cuando estalla el fenómeno Ummo, con las famosas fotografías del supuesto aterrizaje de San José de Valderas (1967) en las que aparece el símbolo ummita, casi todo el mundo de la ufología las dio por buenas, arropadas por el ruido mediático. Rey Brea, no. Fue de los primeros en señalar las imágenes como un montaje: con las fotos impresas en Un caso perfecto y un lápiz, concluyó que se habían hecho con trípode y por un solo fotógrafo. Con el tiempo se demostró que tenía razón: el "platillo" era una maqueta colgada de un hilo de nailon, fotografiada a 1/1000 de segundo para que disco y fondo salieran igual de nítidos. Exactamente el tipo de truco que un fotógrafo aficionado con ojo astronómico detecta antes que nadie.
Pero su golpe maestro fue astronómico. Las cartas ummitas situaban su mundo, Ummo, girando en torno a una estrella que identificaron como Wolf 424, a unos 14,2 años luz, en la constelación de Virgo. Cuando a Rey Brea le dieron esa posición, la respuesta fue fulminante: allí no puede vivir nada. Argumentó que cuesta creer que una estrella en semejante estado de decadencia, con una temperatura superficial que no superaría los 2.500 °C, pudiera albergar planetas con seres tan parecidos a nosotros como decían las cartas.
Y había un detalle aún más demoledor que el frío. Wolf 424 no es un sol único, como pintaba el mito ummita: es en realidad un sistema doble, dos enanas rojas orbitándose mutuamente. Un planeta que pretendiera tener un "año" estable y una civilización confortable en torno a ese tira y afloja gravitatorio de dos estrellas chocaba de frente con la física. El creador del fraude, según se supo cuando Jordán Peña confesó, había elegido Wolf 424 al azar, porque su objetivo nunca fue construir un mundo astronómicamente verosímil. Rey Brea destapó ese descuido cuando casi nadie miraba.
⚠ Conviene recordar que todo lo "ummita" —el planeta Ummo, la estrella nodriza, los viajeros del cosmos— es ficción. Eran las cartas, redactadas por Jordán Peña, las que lo afirmaban. Rey Brea no debatía con extraterrestres: desmontaba un relato fabricado por un hombre.
La ruptura con Ribera
El escepticismo de Rey Brea acabó en ruptura. En agosto de 1972 publicó en la revista Stendek que las fotos de Valderas eran de una maqueta, que todo Ummo era un fraude y que detrás estaba José Luis Jordán Peña. Ahí chocó de lleno con Antonio Ribera, el gran valedor y difusor de Ummo en España: la reedición de Un caso perfecto de 1973 le dedicó casi un capítulo, que no rebatía sus cálculos sino su persona. Las relaciones se rompieron, y la ufología "oficial" —la que vivía del misterio— optó por apartar al aguafiestas en lugar de escucharlo.
El precio fue alto. Las historias suelen fechar su muerte en 1973, y el investigador Manuel Carballal explica por qué: fue entonces cuando lo apartaron. Rey Brea fue, en la práctica, defenestrado en 1972, y vivió hasta el 8 de julio de 1977 retirado de las reuniones y de la correspondencia ufológica, herido por la reacción de unos colegas que prefirieron el mito a la verdad. Tuvieron que pasar veinticinco años, hasta que Carballal obtuvo en 1997 la confesión completa de Jordán Peña, para que se viera que el gallego sabio había tenido razón desde el principio. Su figura es el primer recordatorio del caso Ummo: a veces el escéptico molesto es, sencillamente, el único que está mirando los datos.

Y un apunte que lo retrata entero: Óscar Rey Brea, el primer escéptico, había sido de joven voluntario de la División Azul y ganó la Cruz de Hierro tras cruzar ocho veces en motocicleta un campo minado soviético llevando mensajes. Con esas agallas, no le tembló la voz para gritar «fraude» cuando nadie más se atrevía. Fuente: El Ojo Crítico (Manuel Carballal), nº 72.
Fuentes: El gallego sabio. Óscar Rey Brea: el hombre que descubrió los OVNIs (Manuel Carballal) · Óscar Rey Brea, primer ufólogo español (1923-1973) — OvniSpain · Ummo — Wikipedia en español · El coruñés Óscar Rey Brea, el primer ufólogo mundial — Adiante Galicia · Óscar Rey Brea: el 'inventor' de la ufología en España — El Ojo Crítico.
«Un caso perfecto»

Si una sola pieza convirtió a Ummo en el caso ovni más célebre de España, esa fue un libro. Y detrás del libro, dos hombres: Antonio Ribera, el escritor que dio forma narrativa al mito, y Rafael Farriols, el empresario que lo financió y custodió sus "pruebas". Lo que Fernando Sesma había recibido como cartas mecanografiadas en una tertulia de café, Ribera y Farriols lo elevaron a fenómeno editorial. Conviene recordar, antes de entrar, que todo aquel edificio descansaba sobre una invención: José Luis Jordán Peña confesó años después haber urdido Ummo desde cero, "decorándolo —en sus palabras— con un aterrizaje falso y rastros falsos".
Antonio Ribera, el "padre" de la ufología española
Antonio Ribera i Jordà (Barcelona, 15 de enero de 1920 – La Garriga, 24 de septiembre de 2001) fue escritor, traductor, submarinista y, sobre todo, el gran divulgador del fenómeno ovni en España. En 1958 cofundó en Barcelona el Centro de Estudios Interplanetarios (CEI), la primera asociación española dedicada al estudio de los platillos, junto a Eduardo Buelta, Marius Lleget y Antoni Pelegrí. Su libro El gran enigma de los platillos volantes (1966) se convirtió en un clásico del género, y en 1968 la editorial Plaza & Janés le encargó dirigir la revista Horizonte, versión española de la francesa Planète. Ribera tenía oficio, contactos editoriales y una pluma capaz de hacer verosímil casi cualquier cosa. Cuando Ummo cayó en sus manos, encontró el caso de su vida.
Del primer libro a "Un caso perfecto"
Ribera dedicó a Ummo una saga entera. El primero de aquellos títulos abrió la veda a finales de los sesenta y, ya en plena madurez del fenómeno, llegó la obra que lo consagró: Un caso perfecto, firmado por Antonio Ribera y Rafael Farriols y publicado en 1969 por la editorial Pomaire; en 1973 lo reeditó, ampliado, Plaza & Janés, en su colección "Otros Mundos". El propio título era una declaración de intenciones: presentaba Ummo como el expediente ovni más sólido jamás documentado, el caso que por fin tenía pruebas físicas. Se tradujo también al francés como Preuves de l'existence des soucoupes volantes ("Pruebas de la existencia de los platillos volantes"), señal de hasta dónde llegó su difusión. Más tarde Ribera seguiría exprimiendo el filón con El misterio de Ummo (1979), Ummo: la increíble verdad (1985) y Ummo informa a la Tierra (1987).
Las "pruebas" del caso perfecto
- 1 de junio de 1967: un supuesto platillo, ilustrado con el icono ummita ")+(", sobrevuela el barrio madrileño de San José de Valderas y es profusamente fotografiado.
- Aparecen además fotografías y un presunto aterrizaje con marcas en Santa Mónica (Aluche), ligado a los avistamientos atribuidos a Jordán Peña.
- Esas imágenes, su análisis y los negativos son el corazón de Un caso perfecto.
Rafael Farriols: el mecenas que guardaba los negativos
Rafael Farriols Calvo (1928–2006) era un industrial barcelonés, hombre de fortuna y de fe inquebrantable en Ummo. Su papel fue decisivo: además de coautor, Farriols custodió los negativos de las fotografías de 1967 y financió buena parte de la investigación, organizando a lo largo de los años distintos simposios y coloquios ummitas (en 1971, 1973, 1980, 1983 y 1985). Fue uno de los principales destinatarios de la correspondencia ummita desde 1967 hasta los años noventa y heredó parte del archivo que había reunido Fernando Sesma. Mientras Ribera ponía la prosa, Farriols ponía el dinero, la convicción y la legitimidad de un empresario serio dispuesto a jugarse el prestigio. Tan dentro estaba que en 1977 llegó a registrar dos patentes optoelectrónicas que decía inspiradas en los documentos ummitas. La ironía final llegó en 1993, cuando fue precisamente a Farriols a quien Jordán Peña dirigió por carta su confesión de que todo había sido obra suya. Farriols no le creyó.
La maquinaria que silenció las dudas
Lo más revelador del episodio no es que el libro existiera, sino que se publicara a pesar de saberse ya que las fotografías eran sospechosas. El ufólogo gallego Óscar Rey Brea, tras recibir un ejemplar del propio Ribera, estudió las imágenes de San José de Valderas y concluyó que eran falsas: detalles de perspectiva, escala y manufactura del supuesto platillo delataban un montaje casero. Aquel veredicto técnico, sin embargo, no frenó la maquinaria. La combinación de un autor de prestigio, un mecenas solvente, una gran editorial y un público ávido de misterio pesó más que el análisis crítico. El sello "perfecto" se grabó en la memoria colectiva y las objeciones quedaron sepultadas en notas a pie de página.
⚠ Nada de aquel "caso perfecto" lo era. Las fotos de 1967 fueron desmontadas como un fraude —los investigadores que más tarde reconstruyeron la trama, entre ellos Manuel Carballal, así lo documentaron— y el propio inventor, Jordán Peña, terminó confesándolo. El libro no probó la existencia de Ummo: probó la eficacia de una buena maquinaria editorial para convertir una falsificación en leyenda.
Ribera y Farriols no fueron, según todos los indicios, los autores del engaño, sino sus creyentes más entregados y sus mejores propagandistas. Esa es quizá la lección más incómoda de esta rama: para que un fraude prospere no hace falta un ejército de cómplices, basta con personas honestas, ilusionadas y bien situadas dispuestas a no mirar demasiado de cerca la única prueba que tenían entre las manos.

Quién era Antonio Ribera (y Farriols)


Antonio Ribera (Barcelona, 1920–2001) no era un cualquiera: escritor, traductor de más de 300 libros, submarinista y, sobre todo, el «padre de la ufología española». En 1958 cofundó en Barcelona el CEI (Centro de Estudios Interplanetarios), la primera asociación ovni de España, y en 1979 fue el primer no anglosajón en dar una conferencia en la Cámara de los Lores británica. Ese prestigio fue gasolina para Ummo: le dedicó años y libros. Y Rafael Farriols, químico e industrial catalán, puso el dinero y custodió los negativos del 67. Dos hombres serios… abducidos por un bulo. Fuente: Antonio Ribera (Wikipedia).
🎬 ¿Quiere conocerlo a fondo? En Clave 45 le dedicamos un programa entero: «Antonio Ribera: la biografía» (YouTube).
✍️ El divulgador también inventaba. Ribera no era solo un crédulo de buena fe: cuando el grupo escéptico U-3 le demostró que una joyería de Perpiñán que citaba como real nunca había existido (y antes, unas «islas Hespérides» calcadas de Julio Verne), se defendió con una frase reveladora: «Un escritor a veces tiene que permitirse ciertas licencias para ganarse la vida». Fuente: El Ojo Crítico nº 93 (Vicente Pérez-Baeza).
¿El motivo? El dinero. Había cobrado de Planeta un adelanto de 2.440.000 pesetas por cuatro libros que no entregó; perdió el pleito, le embargaron buena parte de la pensión y acabó sus días casi en la pobreza. En 2020, el supuesto protagonista del «caso Vallgorguina», una abducción que Ribera había llevado en 1986 a la Flying Saucer Review, declaró a El Ojo Crítico que nunca le secuestró nadie y que Ribera le había comprado un guion de ficción por 10.000 pesetas. Ribera había muerto en 2001 y no pudo responder. Fuentes: El Ojo Crítico nº 90 y nº 93 (Vicente Pérez-Baeza).
Fuentes: Antonio Ribera — Wikipedia en español · Rafael Farriols — UMMO WIKI · Antonio Ribera — UMMO WIKI · Cronología del caso Ummo — zyberEtika · Un caso perfecto (Ribera/Farriols, Plaza & Janés) — ficha bibliográfica · Ummo: sectas, ovnis, sexo y servicios secretos — El Ojo Crítico · Un caballero del misterio: Antonio Ribera — Revista Voces del Misterio.
«El hombre que susurraba a los ummitas» (y el «Caballo de Troya» de Benítez)

A comienzos de los años setenta, UMMO había dejado de ser una rareza confinada a los cenáculos esotéricos de Madrid para convertirse en cultura popular. Las supuestas cartas del planeta Ummo —en realidad, según confesaría su propio autor, una invención de José Luis Jordán Peña— circulaban mimeografiadas de mano en mano, se comentaban en tertulias y, sobre todo, empezaban a colarse en la televisión y en los quioscos. Era la época dorada de lo paranormal en España, y el caso UMMO cabalgó esa ola como ningún otro.
La televisión lo trata con normalidad
El gran altavoz fue la pequeña pantalla. En 1976, el psiquiatra y divulgador Fernando Jiménez del Oso (Madrid, 1941–2005) estrenó en Televisión Española el programa Más allá, que dirigió y presentó hasta 1981 con notables índices de audiencia. Producido por Hugo Stuven, el espacio combinaba reportajes de investigación, entrevistas y análisis de fenómenos paranormales, parapsicología y ciencias ocultas. En una España con un puñado de canales y una sola cadena pública, que un programa de máxima difusión tratara los ovnis —y UMMO entre ellos— con tono serio y respetable normalizó el asunto ante millones de espectadores. Lo que en otros países quedaba en revistas de nicho, aquí entraba en el salón de casa a través de un médico con bata de credibilidad.
El relevo en papel lo daban las revistas especializadas. Stendek, boletín del Centro de Estudios Interplanetarios de Barcelona, y sobre todo Mundo Desconocido —cabecera de referencia del misterio en los setenta— alimentaban el fenómeno con reportajes, transcripciones de las cartas y debates entre creyentes y escépticos. Años después, el propio Jiménez del Oso fundaría y dirigiría publicaciones como Más Allá de la Ciencia (1989) y Enigmas, consolidando todo un ecosistema mediático del que UMMO fue uno de los platos fuertes.
El "Caballo de Troya" de J. J. Benítez
Si hubo un autor que llevó la mitología ummita al gran público, ese fue el periodista Juan José Benítez. En su superventas Caballo de Troya —saga sobre un viaje en el tiempo hasta la Palestina de Jesús de Nazaret— aparece, según varios cotejos, un concepto que coincide con uno de las cartas: los "ibozoo uu", que en la novela se llaman «swivels».
Según el mito ummita, los ibozoo uu serían entidades elementales del universo, una suerte de "ejes dimensionales" cuyo giro permitiría plegar el espacio y el tiempo. Según los cotejos de Antonio Ribera y Jesús Beorlegui (1988) y de la web Escéptica (2015), buena parte de la jerga técnica que Benítez pone en boca de los viajeros temporales de Caballo de Troya procede de los documentos UMMO: un pasaje de la novela sobre los «swivels» y otro de la carta D69-5 (1968) sobre los IBOZOO UU son casi idénticos, con otros nombres. Benítez sostiene que la novela está inspirada en investigaciones propias. Tampoco era la primera vez: el concepto ya había asomado en su obra anterior Los astronautas de Yavé.
El gesto fue decisivo para el alcance del fraude. Caballo de Troya vendió millones de ejemplares y se tradujo a varios idiomas. A través de sus páginas, un constructo de ciencia ficción inventado por Jordán Peña llegó a lectores que jamás habían oído hablar del caso UMMO. La ficción ummita se camuflaba así dentro de otra ficción de éxito masivo, multiplicando su penetración.
"El hombre que susurraba a los ummitas"
Benítez no se limitó a tomar prestado el vocabulario: investigó el caso durante décadas y entrevistó muchísimo a Jordán Peña. Fruto de ello es su libro El hombre que susurraba a los ummitas. En él acepta que Jordán Peña escribió "buena parte de los informes", "con o sin la ayuda de la CIA", y escribe de él que "nada de lo que pueda afirmar es creíble (ni siquiera lo que podría ser cierto)".
Y sin embargo —y aquí está la paradoja— Benítez no acepta que Peña lo hiciera todo. Su tesis es que el asunto desborda con mucho a un único autor. La frase que resume su postura quedó como epígrafe de una de sus intervenciones:
"Los manipuladores del asunto UMMO han sido a su vez manipulados."
Con esa idea, Benítez sostiene que Jordán Peña "sólo sería la punta del iceberg" y que los manipuladores lo fueron a su vez por unos "NO HUMANOS". Como prueba presenta naves con la "H" que, según él, se vieron antes de 1966, y un anuncio de las cartas de mayo de 1967 que, escribe, "se cumplió". Los relatos con la "H" que recoge su libro se recogieron todos después de junio de 1967, cuando las fotos de Valderas ya habían dado la vuelta al mundo.
⚠ Conviene recordar el dato duro: Jordán Peña confesó haber urdido el fraude, y la investigación periodística rigurosa —encabezada por Manuel Carballal y otros— ha documentado el carácter terrenal del engaño. La tesis de Benítez de que Peña no lo hizo todo es una hipótesis, no un hecho probado: ningún documento la respalda.
El balance de la década es claro: entre la pantalla de Jiménez del Oso, los quioscos de Stendek y Mundo Desconocido y los millones de lectores de Caballo de Troya, UMMO alcanzó su apogeo mediático. Nunca fue tan creído… ni estuvo tan lejos de ser verdad.


Fuentes: Los manipuladores del asunto Ummo han sido a su vez manipulados — J.J. Benítez (planetabenitez.com) · Jordán Peña — J.J. Benítez (planetabenitez.com) · Fernando Jiménez del Oso — Wikipedia en español · Más allá (programa de televisión) — Wikipedia en español · Caballo de Troya: la guía definitiva — Escéptica.net · Ummo — Wikipedia en español · El hombre que susurraba a los Ummitas, de J.J. Benítez — Goodreads.
La secta Edelweiss: niños marcados a fuego e impunidad

Si el caso Ummo tiene un capítulo que cuesta escribir, es este. Porque aquí el delirio del planeta inventado por José Luis Jordán Peña dejó de ser un juego de cartas mecanografiadas y de bromas a ufólogos crédulos para convertirse en algo monstruoso: un símbolo —el famoso emblema ummita, ese doble paréntesis cruzado, )+(, que el mito llamaba la representación de su mundo— grabado a fuego en la piel de niños. La secta Edelweiss es la cara más oscura de toda la historia, y conviene contarla con cuidado, con datos contrastados y sin un gramo de morbo, porque detrás hay cientos de víctimas reales.
Un club de montaña que era una trampa
El hombre al frente de todo se llamaba Eduardo González Arenas. Exlegionario, de familia acomodada y con contactos que le sirvieron de paraguas durante años, montó a comienzos de los años setenta lo que parecía una inofensiva Asociación Juvenil de Montaña Edelweiss: excursiones, acampadas, uniformes, un aire entre boy scout y paramilitar. Esa fachada de montañismo y aventura al aire libre era el cebo perfecto para acercarse a chavales de entre 11 y 14 años, muchos de familias de clase media madrileña que veían en el grupo una actividad sana para sus hijos.
Por dentro, Edelweiss era otra cosa muy distinta. Una secta de ideología neonazi que mezclaba doctrina hitleriana, fascinación por los extraterrestres y profecías apocalípticas, organizada en una jerarquía militarizada con escalafones de nombres siniestros —se ha documentado una Guardia de Hierro y otros grupos internos— por los que se ascendía, según las investigaciones, a cambio de sometimiento sexual. Llegó a tener delegaciones más allá de Madrid, y por los Boinas Verdes, la organización que le servía de fachada, pasaron más de 400 adolescentes hasta 1976; en el núcleo, Edelweiss, entraron unos 50.
El "príncipe" del planeta inventado
González Arenas se presentaba ante los niños como Príncipe Alain de Nazar, un ser superior llegado de otro mundo. El relato —puro embuste construido sobre la fiebre ovni de la época— prometía la salvación: cuando llegara el fin del mundo, anunciado para 1992, los elegidos escaparían a un paraíso extraterrestre, el planeta Delhais. ¿El billete para ese edén? Entregarse a él "sin condiciones". Esa fórmula, envuelta en misticismo cósmico, era el eufemismo con el que se justificaba el abuso. Para reforzar el engaño, según los testimonios recogidos por la investigación, recurría a trucos de ilusionismo y a sesiones de ouija que hacían creer a los menores que poseía poderes sobrenaturales.
La marca a fuego. A los miembros más comprometidos se les grababa en la piel —se ha documentado la zona de la axila y el antebrazo— el símbolo de Ummo con un hierro candente. La periodista Natalia Cárdenas, que ha estudiado el caso a fondo, resumía el horror de la convicción de aquellos chavales: si llegaron a grabárselo a fuego, era porque creían en ello "tanto como una religión".
Cuando hasta el inventor se horrorizó
Aquí es donde el fraude de Jordán Peña y la abominación de Edelweiss se cruzan. El símbolo que la secta marcaba a fuego era, literalmente, el emblema que Jordán Peña había diseñado para su invención. Y según ha contado el propio creador del bulo, fue esto —ver su firma quemada en la carne de niños— lo que le hizo replantearse lo que había desatado: "empecé a indignarme al ver que la secta Edelweiss marcaba a fuego con mi símbolo a unos inocentes niños". Conviene matizarlo: no hay constancia de un vínculo directo entre Jordán Peña y González Arenas. El líder de Edelweiss fue, más bien, un depredador que pescó en el caldo ovni de los años setenta y ochenta y se apropió del icono ummita para dar pátina cósmica a su engaño.
Una justicia que apenas miró
González Arenas fue detenido en 1976, condenado por aquella causa en 1982 y juzgado de nuevo en 1991, en lo que se considera uno de los mayores juicios por corrupción de menores celebrados en España. La condena fue colosal sobre el papel: 168 años de cárcel. La realidad fue de una crudeza vergonzosa: salió libre apenas seis años después, beneficiado por la "buena conducta" y por una legislación de la época que apenas comprendía —y casi no castigaba— los abusos sistemáticos a menores. Es uno de los recordatorios más dolorosos de cómo el sistema dejó solas a las víctimas durante décadas.
El final, a cuchillo
La historia se cerró con violencia. El 1 de septiembre de 1998, en Ibiza, una de sus víctimas, un joven de 19 años según El Mundo (otras fuentes dicen 17, 18 o 20), lo mató a cuchilladas en la terraza de una heladería de Santa Eulalia. González Arenas tenía 51 años. En 1999 un jurado declaró culpable de asesinato a su agresor. No es un desenlace que celebrar: es el punto final trágico de una cadena de abusos que la justicia no supo cortar a tiempo.
⚠ Todo el relato extraterrestre —el "Príncipe Alain", el planeta Delhais, la salvación del fin del mundo de 1992— era una mentira urdida para someter a menores. No es folclore ufológico: es la coartada de un depredador. Los abusos, en cambio, fueron reales y dejaron víctimas que aún hoy reclaman ser escuchadas.
Hay quien, al estudiar el caso Ummo, se queda con lo pintoresco: las cartas, los platillos fotografiados, los científicos engañados. Edelweiss obliga a recordar que ningún bulo es inofensivo del todo. Un símbolo nacido como broma intelectual acabó grabado a fuego en la piel de niños por un criminal que supo aprovechar la credulidad de toda una época. Y esa es, quizá, la lección más amarga de toda la saga.
⚖️ Siempre en la calle. El detalle más sangrante es la impunidad: además de la detención de 1976, la condena de 1982 y el juicio de 1991, en 1997 volvió a ser detenido, en Ibiza, y quedó libre por falta de pruebas. Las penas, «irrisorias». Y el perfil de las víctimas fue cambiando: primero niños de familias acomodadas, luego de familias humildes —cientos, de 11 a 14 años—. La justicia de la época no estuvo, ni de lejos, a la altura del horror. Fuente: Los Ángeles Press.
Quién era «Eddie»
Eduardo González Arenas —«Eddie», pederasta y exlegionario— camufló su secta tras una «Asociación Juvenil de Montaña Edelweiss» (los «Boinas Verdes»): un aparente club de excursiones por el que pasaron más de 400 niños. Tenía su propia mitología ovni: los aspirantes juraban fidelidad a la «Guardia de Hierro de Delhais» y a su «príncipe, el Gran Alain». Y lo más perverso: mediante lavado de cerebro, convirtió a algunas víctimas en verdugos de otras.


El horror también saltó a la pantalla: en 2021, RTVE Play estrenó la serie documental «Edelweiss» —nazismo, ocultismo y pederastia—. Fuentes: La Vanguardia · RTVE · «¿Qué fue de la secta Edelweiss?» (iVoox).
El origen del símbolo, y la voz del propio «Eddie»
González Arenas no inventó nada: sacó el símbolo )+( de las fotos de «platillos» que la ufología de los 70 daba por buenas, y lo adoptó como emblema de su falso «origen alienígena». En su declaración judicial de 1976 lo explicó él mismo: «forjé una vida interior en la que yo era el príncipe del planeta Nazar, que me sirvió para llenar mi soledad y para tener una personalidad exótica ante los chicos». Captaba en billares y cafeterías, con el secreto como regla de oro, y embarullaba a los chavales con un sincretismo delirante: Testigos de Jehová, nazismo, la Legión y hasta «Juan Salvador Gaviota». Su final, en 1998, tampoco fue gratuito: una de sus víctimas, que había denunciado en vano una violación a la policía, lo mató convencida de que «si no le mataba acabarían matándolo a él». Fuente: El Ojo Crítico (Manuel Carballal), nº 73.
Fuentes: Edelweiss (secta) — Wikipedia en español · Entrevista a Natalia Cárdenas: Secta Edelweiss, el hombre que susurraba a los niños — Blog de Manuel Carballal (El Archivo del Crimen) · Entrevista a Natalia Cárdenas: la secta Edelweiss y el asesinato de Eduardo González — El Ojo Crítico · Los nazis pederastas que soñaron con viajar a otro planeta — Agente Provocador · Caso Edelweiss: la secta más peligrosa de España revive en un documental — El Observatorio del Laicismo · Degollado en Ibiza el antiguo líder de la secta Edelweiss — Crónica Negra Historia.
Carballal busca testigos… y no hay ninguno

Durante casi tres décadas, el caso UMMO se sostuvo sobre una palabra mágica: testigos. Decían que el 1 de junio de 1967, en la urbanización madrileña de San José de Valderas (Alcorcón), cientos de personas habían visto sobrevolar un platillo volante; que en Aluche, en febrero de 1966, lo había contemplado «mucha gente». El relato se repetía en libros, revistas y programas de radio. Pero a finales de los años ochenta, un joven investigador gallego decidió hacer algo que casi nadie había hecho: ir al barrio, llamar a las puertas y preguntar uno por uno. Lo que encontró —o mejor dicho, lo que no encontró— resultó demoledor.
Quién es Manuel Carballal
Manuel Carballal (La Coruña, 1967) es periodista de investigación, escritor, ufólogo y criminólogo. Conviene subrayar un matiz importante: no era un escéptico de oficio, de esos que niegan el misterio por principio. Carballal llevaba años recorriendo el llamado «mundo del misterio» con genuina curiosidad. Lo que lo distinguía no era el prejuicio, sino una exigencia sencilla y demoledora: pruebas. Diplomado en Teología y formado en Criminología en la Universidad de Santiago, se especializó en la criminalidad asociada a las creencias y orientó su trabajo hacia las sectas, los servicios secretos y los fraudes paranormales. Desde 1992 edita El Ojo Crítico, una publicación dedicada precisamente a desenmascarar embustes vestidos de prodigio. Su biografía profesional pasa por la radio del misterio (dirigió Enigmas en 1986 y, más tarde, espacios en Onda Cero) y por una idea rectora: el misterio se respeta investigándolo, no creyéndolo a ciegas.
1988: a pie de barrio, puerta por puerta
En 1988, Carballal se plantó por primera vez en los escenarios del mito: Aluche y San José de Valderas. Su método era el del reportero de calle —el mismo que la ufología «de salón» había olvidado—: reconstruir los hechos sobre el terreno y localizar testigos de primera mano distintos de los dos nombres de siempre. Entrevistó a vecinos, dueños de bares, antiguas alumnas, gente que vivía allí en los años sesenta.
En Aluche fue al célebre Bar Palencia. Los nuevos propietarios reconocían el episodio, sí, pero al pedirles nombres concretos solo sabían repetir a Vicente Ortuño y a José Luis Jordán Peña, los dos «testigos» de siempre. La prueba que esgrimían no era un recuerdo, sino un argumento circular: «¡Claro! Lo vio mucha gente… ¡hasta se escribió un libro!». Por mucho que Carballal insistiera, ningún nombre nuevo aparecía.
El testimonio que lo cambió todo. En Valderas, Carballal localizó a una antigua alumna que en junio de 1967 estudiaba en el colegio de las monjas del Amor de Dios, justo bajo la supuesta trayectoria de la nave. Si el avistamiento hubiera sido masivo, aquel colegio sería un filón de testigos. Su respuesta fue exactamente la contraria: «Yo no vi nada… debió verlo mucha gente, porque al día siguiente salió en el periódico», y, sobre todo: «nunca conocí a nadie, alumna o profesora, que dijese haber visto la nave».
Ahí estaba la grieta. Todos «conocían» el avistamiento; nadie lo había visto. La memoria colectiva no procedía de los ojos, sino de la prensa. La gente recordaba haber leído sobre la nave, no haberla contemplado. Carballal había puesto el dedo en el corazón del fraude: una creencia masiva que, contada testigo a testigo, se quedaba en casi nada.
El razonamiento circular y las costuras del mito
El hallazgo de campo encajaba con lo que otros investigadores ya venían detectando en el papel. Las célebres cartas ummitas —cientos de folios mecanografiados que supuestamente describían la ciencia de un planeta lejano— contenían, según se observó, información ya publicada en revistas científicas extranjeras difíciles de conseguir en la España franquista: no revelaciones de otro mundo, sino refritos de este. A ese cuadro se sumaban los errores y las contradicciones internas entre unas cartas y otras, impropios de una civilización presuntamente superior. El supuesto saber alienígena olía demasiado a biblioteca terrestre.
En 1988 apareció además una conexión incómoda, y no la encontró Carballal: el padre del investigador José Juan Montejo recordó que, hacia 1966, Jordán Peña y Vicente Ortuño —los dos únicos «testigos» de Aluche— habían compartido pensión. Es decir, se conocían antes del incidente, en contra de lo que siempre habían sostenido. Las dos voces independientes que sostenían el avistamiento original resultaban no ser tan independientes.
Por qué fue decisivo
El método de Carballal fue decisivo porque atacó el mito por donde dolía. Mientras el debate ufológico se enredaba en interpretar las cartas, él demostró sobre el terreno que el cimiento fáctico —el avistamiento «visto por cientos»— sencillamente no existía. Años después remató la faena. En 1997 y 1998, Jordán Peña le recibió en su casa de Madrid, le contó cómo se hicieron las huellas de Aluche y las fotos de Valderas, le redactó una confesión de más de cincuenta páginas y le prestó el troquel con el que marcaba las láminas de plástico. En mayo de 1997 Carballal logró reproducir las famosas fotografías del platillo de Valderas con una maqueta colgada de un hilo, evidenciando que aquellas imágenes eran un montaje casero, y Vicente Ortuño, el otro testigo de Aluche, le confesó que había sido el cómplice. Otros habían tenido antes indicios fuertes —Óscar Rey Brea señaló a Jordán en 1972— y no consiguieron que se les creyera, y la confesión que Peña mandó por carta en 1993 no la creyó ni quien la recibió, Rafael Farriols. Con el autor y el cómplice confesos, la herramienta y la réplica de las fotos, el caso quedó cerrado.
⚠ Conviene recordar lo esencial: el «avistamiento masivo» de Aluche se quedó, contado con nombre y apellido, en dos testigos que acabaron confesando que lo habían preparado ellos; en Valderas, quienes dieron la cara vieron, como mucho, un objeto, y el símbolo, aparte del tal Jordán, solo lo vio «gente que queda en el anonimato», según escribió Rey Brea en 1970. La sensación de que «lo vio todo el mundo» fue, en realidad, un eco de la prensa amplificándose a sí mismo. UMMO fue un fraude que su propio creador, Jordán Peña, acabó confesando.
Cómo lo cazó: no había testigos «de verdad»
El gran martillo del caso fue Manuel Carballal, que desde su revista escéptica El Ojo Crítico (fundada en 1992) llevaba años tirando del hilo. El hallazgo más demoledor llegó en 1988, y no fue suyo: el padre del investigador José Juan Montejo recordó haber compartido pensión hacia 1966 con Jordán Peña y Vicente Ortuño —los dos «testigos independientes» del ovni de Aluche—. ¿Independientes? Se conocían de antes, justo lo que ambos negaban. Adiós a la coartada.
Y los demás «testigos» de Aluche tampoco valían: Jordán fabricó las huellas con un molde, entró en la finca El Regajal gritando para que la gente saliera a verlas y luego —confesaría— le hizo gracia entrevistar a vecinos que juraban haber visto el ovni que él mismo se había inventado, encantados con su minuto de fama en la prensa. Entre 1997 y 1998, Carballal le sacó la primera confesión completa, con pruebas físicas: más de cincuenta páginas escritas por el propio Jordán y el troquel de las láminas. Fuentes: El Ojo Crítico · Wikipedia.
⚖️ «¿Y si los escépticos conspiraron?» Algún defensor de Ummo le ha dado la vuelta a la tortilla y acusa a los investigadores de conspirar para hundir el caso —incluso de que Carballal hizo pasar sus fotos de 1997 por originales del 67—. Él lo desmonta: siempre documentó que eran reproducciones experimentales (replicar la técnica de Jordán para comprobar su confesión), nunca un fraude. Es, en el fondo, la diferencia entre creer y comprobar. Fuente: «Ummo: la teoría de la conspiración» (El Ojo Crítico).
Fuentes: Manuel Carballal — UMMO: buscando testigos del avistamiento · Manuel Carballal — UMMO: ¿testigos del avistamiento? · Ummo — Wikipedia, la enciclopedia libre · Manuel Carballal — Wikipedia, la enciclopedia libre · Vendedores de Ummo: el fraude perfecto para una España crédula — Vozpópuli · Cronología del caso Ummo — zyberEtika.
Las otras sectas ummitas
Para 1989, el caso UMMO llevaba ya casi un cuarto de siglo circulando por España. José Luis Jordán Peña —el alicantino que años después, en 1993, confesó ser el autor del fraude— había soltado una criatura que ya no controlaba nadie. Las cartas ummitas, mecanografiadas con su característica grafía y su barroquismo pseudocientífico, habían dejado de ser un experimento sobre la credulidad para convertirse en algo más inquietante: un relato contagioso que se reproducía solo, saltando de un creyente a otro, mutando a su paso. Esta rama recorre el lado más oscuro de esa propagación: las sectas y subgrupos que brotaron del mito y que usaron a sus adeptos como engranajes de un engaño que ninguno de ellos había inventado.
El mito como virus
La metáfora no es retórica gratuita. El propio caso se ha comparado con "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", el cuento de Borges en el que un mundo inventado por una sociedad secreta acaba filtrándose en la realidad hasta sustituirla. UMMO funcionó parecido: bastaba que alguien creyera, escribiera una carta, organizara una reunión o reclutara a un conocido para que el organismo siguiera vivo. Jordán Peña reconoció haber buscado precisamente eso, estudiar hasta dónde podía llegar una mentira bien construida. Lo que no previó —o quizá sí— es que el virus encontrara portadores autónomos: personas dispuestas a creer con tal intensidad que se convertían en propagadores activos, en "carteros" del engaño, reenviando cartas, costeando anuncios y captando a otros sin saber que repartían humo.
Las propias sectas de Jordán Peña
Antes de hablar de los grupos ajenos conviene recordar que el autor del fraude no era ningún ingenuo en materia de sectas: él mismo fundó al menos dos. Una se llamaba Pirophos, bautizada en honor a una divinidad imaginaria; la otra tenía un barniz pseudohindú. Según los testimonios que recogió Carballal, ambas tuvieron un tono más turbio y degradante, y el propio Jordán Peña reconoció en 2013 que en la de Pirophos hubo «un interés sexual» suyo. Esos experimentos de control mental fueron, en cierto modo, el laboratorio donde se ensayó la misma dinámica que luego UMMO desplegaría a escala nacional.
Las derivaciones sectarias del mito
- Pirophos y la secta pseudohindú: fundadas por el propio Jordán Peña, con dinámicas de dominación.
- Edelweiss (años setenta): el grupo destructivo más sonado, creado por Eduardo González Arenas, que se presentaba como un "príncipe extraterrestre". Derivó en uno de los mayores casos de abuso de menores juzgados en España.
- Los Amigos de los Hermanos de UMMO: nombre que una filtración policial dio a las dos mujeres de los anuncios de El País de 1989; su familia niega que existiera secta alguna.
- Entorno fundacional: la Sociedad de Amigos del Espacio de Fernando Sesma y sus tertulias de "La Ballena Alegre" en el Café Lion de Madrid, caldo de cultivo del que UMMO se sirvió en sus inicios.
El bochorno de El País: "J.J. Benítez en coma"
El episodio que mejor ilustra hasta dónde llegó la ramificación sectaria tiene fecha y periódico. En mayo de 1989, dos anuncios por palabras aparecieron en las páginas de El País. El 5 de mayo, un primer aviso urgente —la anunciante decía tener «un mensaje importante de J. J. Benítez» para otra persona— pasó casi inadvertido. El 20 de mayo, quince días después, llegó la bomba: un anuncio que afirmaba que el escritor J.J. Benítez estaba en coma y pedía a la familia que se pusiera en contacto. El sobresalto recorrió a la familia del periodista navarro, a la comunidad ufológica y a la propia redacción del diario, que acabó publicando una rectificación aclarando que Benítez gozaba de perfecta salud y disculpándose por el pánico sembrado.
Detrás de los anuncios estaban dos hermanas, particulares cuyos nombres no se dan aquí. Según las informaciones policiales que recogió El Ojo Crítico, pertenecían a un grupo llamado "Los Amigos de los Hermanos de UMMO"; su familia lo niega. Una de ellas defendió la veracidad de la información y se indignó ante el desmentido del periódico, asegurando que había actuado por motivos humanitarios, presionada por una carta anónima que le ordenaba insertar los dos avisos con quince días de diferencia porque, decían, había vidas en juego.
Clones, secuestros y un "Mandamundo"
Lo que contaban aquellas cartas lo explicó después su hermano, que en 2006 habló con El Ojo Crítico para negar que hubiera secta alguna: «ni ellas ni nadie de mi familia sabía siquiera qué era "UMMO"». Según esas cartas anónimas, el "auténtico" J.J. Benítez habría sido asesinado y sustituido por un clon controlado por una élite secreta llamada "Mandamundo", y estaría secuestrado en prisiones subterráneas. El hermano atribuyó las cartas a una pareja que, según él, les había robado en casa, y contó que las dos se presentaron ante un juez en Madrid, donde quedó establecido que el anónimo no lo había escrito ninguna de ellas: fueron víctimas y, a la vez, vehículos del bulo.
⚠ Todo el aparato de clones, "Mandamundo" y prisiones subterráneas pertenece a las cartas anónimas que recibieron las dos hermanas; no consta que llevaran el sello ni el nombre de UMMO. No hubo ningún coma, ningún secuestro ni ningún clon: J.J. Benítez estaba sano. Se reproduce aquí únicamente para documentar cómo operaba el engaño sobre sus creyentes.
La lección de esta rama es escalofriante por lo banal: no hizo falta que Jordán Peña moviera un dedo. El relato ya caminaba solo, transformado por cada grupo a su antojo —en abuso, en dinero, en sexo o, como en los anuncios de 1989, en un disparate publicado en el diario más leído de España—. El falsificador había confesado, pero el virus seguía buscando huéspedes.
El bulo del «coma» de Benítez. Aquello dejó un episodio surrealista: en mayo de 1989 las dos hermanas publicaron anuncios por palabras en El País —primero buscando a una persona de parte del escritor J. J. Benítez, y días después uno que aseguraba que «el escritor J. J. Benítez… se encuentra en estado de coma»—, lo que sembró el pánico hasta que el diario lo desmintió (Benítez estaba perfectamente). Según las cartas anónimas, el escritor había sido sustituido por un «clon» retenido en bases subterráneas. Lo que sabían de los ummitas lo habían leído, según su hermano, en el libro «El misterio de UMMO» de Ribera y en la revista Año Cero; y las cartas anónimas venían de la misma pareja que les había desvalijado el piso. Fuente: El Ojo Crítico.
El «Valderas gallego»: Jordán no fue el único
El Ojo Crítico destapó un calco del caso Valderas en A Coruña (finales de los 70): en el monte de A Zapateira aparecieron huellas rectangulares, pasto quemado y el símbolo )+( dibujado a tiza, más una serie de fotos de una «nave» girando para enseñar la panza con la H. El autor, un culturista, se lo confesó a Carballal igual que Jordán: cavó y quemó las marcas, fotografió una maqueta y hasta usó de «fotógrafo» a un amigo crédulo —le cogió la cámara del gimnasio, hizo las fotos y se la devolvió, y el pobre las «descubrió» al revelar el carrete—. «No existe mejor cómplice en una estafa que aquel que no es consciente de serlo», remató Carballal.
Y al otro lado del Atlántico, otra rama, según el relato del periodista Enzo Daedro (Karma-7, 2000; Fortean Times, 2001): «Las Hijas de Ummo», secta milenarista de La Paz (Bolivia), que sitúa el fin del mundo en 2033 y cree que los ummitas vienen de Wolf 424. El puente con España: su entorno habría escrito a Jiménez del Oso, que les habría enviado los informes ummitas originales. Nadie lo ha confirmado de forma independiente. Fuente: Enzo Daedro, reproducido en El Ojo Crítico nº 93 («Una historia increíble»).
Fuentes: Manuel Carballal — "J.J. Benítez está en coma…": el disparate de Los Amigos de los Hermanos de Ummo · El Ojo Crítico — "J.J. Benítez en coma…". La delirante historia de Los Hermanos de UMMO y los anuncios de El País · El Ojo Crítico — Ummo: sectas, ovnis, sexo y servicios secretos · Ummo — Wikipedia en español · Xataka Magnet — UMMO, el pedazo de la historia franquista que mezcló ovnis, sectas, disecciones e incluso a Villarejo.
¿Aprendió de Ummo el servicio secreto?

La pregunta que late en esta rama es de las que ponen los pelos de punta a cualquier aficionado al misterio: ¿estuvo el espionaje español metido hasta el cuello en el caso UMMO? La respuesta corta, y conviene decirla ya para no engañar a nadie, es que el servicio secreto no inventó Ummo. El padre del fraude fue José Luis Jordán Peña, que acabó confesándolo. Pero la respuesta larga es más turbia y mucho más interesante: hay indicios, recogidos sobre todo por el periodista e investigador Manuel Carballal, de que la inteligencia observó el invento muy de cerca. Y quizá aprendió de él.
Un teniente coronel entre los crédulos
Todo empieza en las tertulias. Antes de que las célebres cartas ummitas circularan por España, el terreno ya estaba abonado en las reuniones que organizaba Fernando Sesma en el sótano del bar La Ballena Alegre, en la madrileña calle de Alcalá. Allí se hablaba de platillos, de civilizaciones perdidas y de mensajes de otros mundos. Y allí, según fuentes del espionaje consultadas por Carballal, no todos los asistentes eran soñadores inofensivos.
Según esos relatos, desde finales de los años 60 el servicio secreto franquista —esos relatos hablan del SECED, embrión del futuro CESID, aunque el SECED no se creó hasta 1972 y a finales de los sesenta existía su antecesora, la OCN— habría infiltrado en aquellas tertulias a al menos un confidente, un teniente coronel. No iba a divertirse. Iba a tomar nota. En plena dictadura, cualquier grupo que reuniera a gente de forma regular, que generara correspondencia rara y que pudiera servir de tapadera para contactos extranjeros entraba en el radar de un Estado obsesionado con el control.
Lo que dicen las fuentes de Carballal:
- El SECED conocía las actividades de Jordán Peña desde el principio.
- Tenían fichado a Jordán Peña, incluyendo lo que algunos llamaron sus "oscuras aficiones".
- El material sobre Ummo se archivaba en un expediente clasificado bautizado como "Apocalipsis".
- El Ministerio de Asuntos Exteriores llegó a pedir información permanente sobre cualquier noticia ummita que surgiera fuera de España.
El expediente "Apocalipsis" y un fichero de creyentes
Ese expediente "Apocalipsis", según los agentes que hablaron con Carballal, no era un cajón dedicado solo a los marcianos. Reunía sectas, grupos ufológicos y fenómenos diversos bajo un mismo criterio: cualquier cosa que pudiera afectar a la seguridad nacional o servir de cobertura a la infiltración de agentes extranjeros en España. Ummo, con su lluvia de cartas mecanografiadas, sus supuestos contactos internacionales y su capacidad para fascinar a profesionales cultos, encajaba perfectamente en esa lógica de vigilancia.
Carballal recogió todo esto en su libro Los expedientes secretos. El CESID, el control de las creencias y los fenómenos inexplicables (2001), fruto de años entrevistando a agentes, mandos policiales, jueces y políticos. Es la pieza central de esta hipótesis: la idea de que el espionaje español usó lo paranormal como laboratorio para entender y manejar la credulidad de la gente.
La pregunta que importa: ¿aprendieron de Ummo?
Aquí está el corazón de la rama. La cuestión no es si crearon Ummo —no lo hicieron—, sino si lo aprovecharon como banco de pruebas. El escritor Javier Sierra, que dedicó años al caso, planteó una posibilidad inquietante: que hacia los años 70 la inteligencia experimentara con las cartas ummitas como posible canal de mensajes cifrados. El razonamiento, según el mito, sería diabólicamente simple: un mensaje camuflado dentro de una "carta alienígena" jamás sería tomado en serio por un servicio enemigo que lo interceptara. La locura como mejor cifrado.
A eso se suma la otra dimensión: Ummo como laboratorio de manipulación social. Observar cómo una ficción bien construida se propagaba, a quién convencía y por qué, era información valiosísima para cualquiera interesado en la guerra psicológica. No hace falta que el espía mueva los hilos: a veces basta con mirar muy de cerca cómo se mueven solos.
Existe además un punto de contacto confirmado, aunque modesto. El propio Jordán Peña reconoció haber tratado con agentes del CESID al menos una vez, cuando dos oficiales se interesaron por si alguien con ciertas capacidades podía tener uso militar. Y Carballal recogió testimonios según los cuales Jordán Peña figuró como uno de los "expertos" consultados por el servicio en algún caso concreto; la confirmación, precisó él mismo, no se la dio el coronel Juan Alberto Perote, jefe de operaciones del CESID, «sino uno de sus compañeros». Hay quien tira del hilo aún más lejos y conecta esta cultura de operaciones encubiertas con tramas de inteligencia posteriores, como la del comisario Villarejo; pero ese salto es ya especulación, no documento.
⚠ Tratemos esto con pinzas. La teoría del espionaje en Ummo descansa en gran parte en confidencias de fuentes anónimas, sin documentos públicos que las respalden de forma independiente. Investigadores escépticos como Alejandro Agostinelli han criticado precisamente que unas pocas frases no bastan para sostener que detrás del bulo hubiera una gran operación de Estado. Lo sólido y probado es el fraude de Jordán Peña; lo demás es teoría documentada que merece curiosidad, pero también cautela.
Quede claro el balance: Ummo fue un engaño de un hombre, no un arma secreta del Estado. Pero la sombra de los espías sobre el caso —ese teniente coronel tomando notas en el sótano, ese expediente con nombre de fin del mundo— recuerda que, en la España del tardofranquismo, hasta los marcianos tenían a alguien vigilándolos.
💵 ¿Dinero americano? En una carta de 1997 a Carballal, Jordán Peña reconoció haber tenido colaboradores y recibido «varios millones de pesetas cedidos por un organismo oficial de Estados Unidos», e hizo sus «ensayos avalado por una central oficial norteamericana» —aunque negó haber sido «un agente con nómina de la CIA»—. Su hija añade que un servicio secreto extranjero lo tanteó en los 60, interesado en su rarísima habilidad para escribir con letra minúscula. (El Mundo, David Cuevas.)
🕵️ ¿Y Villarejo? Hasta el comisario aparece de refilón. En los 80, miembros de la Cienciología en Madrid contrataron como detective al entonces excedente policial José Manuel Villarejo. Según Xataka (2021, a partir del libro de Eduardo Bravo), la reunión que «los ummitas» convocaron en el Hotel Sanvy (noviembre de 1988) libró de una redada a una escisión ummita de la Cienciología. La propia prensa lo admite: «imposible determinar cuán profunda es la mano de Villarejo en todo este asunto». Teoría con muchas comillas… pero ahí está. (Xataka.)

Y el propio Jordán alimentó la intriga: contó que, tras rechazarlo una constructora, un hombre con acento extranjero lo citó en Alicante y le ofreció apoyo en nombre de una misteriosa «Institución X» —al principio la creyó estadounidense; con el tiempo sospechó que era un agente del Mossad—. La coartada perfecta para no dar nunca nombres. Fuente: El Ojo Crítico nº 77 (José Juan Montejo, «Últimas conversaciones con Jordán Peña»).
Fuentes: Ummo — Wikipedia en español · Manuel Carballal — Wikipedia en español · UMMO: sectas, sexo y servicios secretos — El Ojo Crítico · Ummo: sectas, ovnis, sexo y servicios secretos — Blog El Ojo Crítico · Los "Expedientes X" españoles: una de espías — Factor (Alejandro Agostinelli) · UMMO, el planeta de los servicios secretos — Actualidad OVNI.
Voronezh: el ovni soviético «con sello ummita»

El 27 de septiembre de 1989, en un parque de la ciudad soviética de Vorónezh —a unos 480 kilómetros al sureste de Moscú—, un puñado de niños que jugaban al fútbol aseguró haber visto algo extraordinario: una bola roja de unos tres metros de diámetro que descendió sobre la plaza, se posó y dejó salir a un gigante de tres ojos calzado con botas broncíneas, acompañado de un robot. Según el relato infantil, el ser apuntó con un tubo a un adolescente y lo hizo "desaparecer" un instante. Era un caso de manual de la ufología más fantasiosa. Y sin embargo, en cuestión de días, dio la vuelta al mundo. Lo más asombroso es cómo el mito español de Ummo logró colarse, de matute, en plena Unión Soviética agonizante.
El ovni que cruzó el Telón de Acero
El salto a la fama mundial lo dio la agencia oficial soviética TASS, que el 9 de octubre de 1989 difundió la historia con un tono insólitamente serio, citando testigos, policías y científicos. En plena glásnost, con una prensa que tanteaba hasta dónde podía llegar la nueva libertad, el despacho de TASS fue una bomba: que la sobria agencia del Kremlin diera por buena la visita de un extraterrestre tricíclope era noticia en sí misma. Periódicos de medio planeta lo recogieron; en España llegó al Telediario, a ABC y a La Vanguardia entre el 9 y el 11 de octubre. El relato local había aparecido antes, el 3 de octubre, en el diario Kommuna de Vorónezh.
Uno de los pequeños testigos, de doce años, declaró: "Cuando ellos salieron de la nave, yo me quedé inmóvil, como paralizado". El jefe del laboratorio de geofísica local, Guénrij Silánov, llegó a afirmar que había localizado el punto del aterrizaje por "biolocalización". Poco después tuvo que rebajar el entusiasmo: la "roca extraterrestre" hallada era hematita, un mineral comunísimo, y advirtió a la prensa que "no se creyera todo lo que decía TASS".
Lo que el rigor desmontó. Una comisión analizó el terreno durante semanas sin hallar nada anómalo. Según la agencia France Presse (28 de octubre de 1989), "dieciséis análisis radiométricos, diecinueve comprobaciones del suelo, nueve pruebas de microorganismos y veinte mediciones espectroquímicas" no arrojaron resultado alguno. Los niveles altos de cesio se atribuyeron a la lluvia radiactiva de Chernóbil. El 21 de octubre, el propio Kommuna publicó una rectificación parcial.
El sello que no debería estar ahí
Aquí entra Ummo. El 11 de octubre, la televisión soviética mostró el dibujo de la supuesta nave con un signo en el costado, y los ufólogos lo reconocieron al instante: era el )+(, el emblema de los ummitas, el mismo que había aparecido en las fotos del ovni de San José de Valderas (Madrid) en 1967, pieza central del fraude que urdió en España José Luis Jordán Peña. ¿Cómo había llegado un símbolo madrileño y apócrifo a un parque de Vorónezh? Para los creyentes, prueba de que los visitantes eran los mismos. Para cualquier investigador serio, una pista enorme de que algo olía a contaminación cultural.
La explicación de Vallée: un niño y un ufólogo
El informático y ufólogo franco-estadounidense Jacques Vallée viajó a Moscú en enero de 1990 con la periodista Martine Castello, de Le Figaro, se reunió con los ufólogos soviéticos en la agencia Nóvosti y lo contó en su libro UFO Chronicles of the Soviet Union: A Cosmic Samizdat (1992), escrito con ella. El grupo de Vorónezh defendió allí que el símbolo era auténtico: en la región, dijeron, se había visto en un caso de 1984. Entonces habló el ufólogo ruso Borís Shúrinov: años antes había publicado un informe sobre las formas de los ovnis con el emblema de UMMO, y ese informe circulaba por Vorónezh. Según Shúrinov —que diseccionó el caso y dijo que "se derrumbó como un castillo de naipes"—, el símbolo lo dibujó un niño que ni siquiera estaba presente durante el supuesto aterrizaje, después de que un ufólogo de Vorónezh le enseñara la fotografía del platillo "ummita" para reforzar la historia conectándola con el famoso caso europeo. Vallée y Castello salieron de Moscú convencidos de dos cosas: de que en Vorónezh había ocurrido de verdad una serie de fenómenos extraordinarios, y de que el símbolo era un añadido espurio, fruto de una «contaminación» inducida por creyentes demasiado entusiastas. En otras palabras: el sello de Ummo lo conocían los adultos aficionados, no los niños. En una entrevista de 2024, Vallée lo contó de otra manera: los investigadores soviéticos se rieron y le dijeron que el símbolo lo habían añadido al dibujo los jóvenes ufólogos que recogieron el material.
¿Adorno entusiasta o sabotaje?
De ahí nacen las dos lecturas que conviven sobre el episodio. La primera, la más documentada, es la de Vallée y Shúrinov: unos ufólogos locales, frustrados porque buena parte de la prensa tomaba el caso a broma —incluso como una travesura de TASS—, "decoraron" el testimonio con el emblema ummita para darle empaque internacional. La segunda, defendida por otros, sostiene lo contrario: que el símbolo se coló aposta para quemar el caso, para que el ridículo de mezclarlo con un mito español sospechoso lo sepultara en el olvido. Sea cual sea la intención, el resultado fue el mismo y revelador: Ummo no era un mensaje de las estrellas, sino un meme cultural —una imagen contagiosa— que viajaba de cabeza en cabeza, saltaba fronteras e idiomas y aparecía allí donde un creyente quería darle solera a un avistamiento.
⚠ Conviene recordarlo: tanto el caso de Vorónezh como el sello de Ummo son fraude o, en el mejor de los casos, fabulación infantil amplificada. Jordán Peña confesó haber inventado el mito ummita. Todo lo que aquí se atribuye a "gigantes de tres ojos" o "naves con insignia" procede del relato, no de hecho probado alguno.
Vorónezh es, por eso, uno de los capítulos más jugosos de esta historia: demuestra que el invento de Jordán Peña tenía tanta fuerza simbólica que terminó infiltrándose en la propaganda gráfica de un avistamiento soviético, a miles de kilómetros y al otro lado de la Guerra Fría. El platillo nunca aterrizó. La idea de Ummo, en cambio, viajaba sola.
Coda 2026: ¿y si lo que bajó fue una máquina soviética?
En 2026, el investigador Maury González publicó «El secreto de Vorónezh» (Reediciones Anómalas, colección Balazote Libros), con prólogo y epílogo de Manuel Carballal (El Ojo Crítico). Su tesis le da una vuelta inesperada al caso: lo que descendió en aquel parque no habría sido ni una nave alienígena ni una simple fábula infantil, sino un módulo lunar soviético, el LK Lander —el aterrizador del programa lunar tripulado que la URSS canceló y mantuvo en secreto—. Cotejando los dibujos de los niños con las fotos del módulo, González sostiene que el «gigante de tres ojos» y el «robot» eran en realidad piezas de la máquina y del traje de los cosmonautas: el tren de aterrizaje y la caja de terminales tomados por un robot; las luces del casco y el reflejo del visor, por «ojos»; los soportes vitales, por «jorobas»; el tubo umbilical, por un «arma». Es decir, un objeto terrestre y muy real, no marciano.
La pieza más llamativa del libro es el símbolo, y el propio autor es el primero en tomarla con pinzas. González cree ver el )+( en relieve sobre la escotilla del LK-3 que el Science Museum de Londres expuso entre septiembre de 2015 y marzo de 2016, tratando una imagen, y lo bautiza como «el Santo Sudario de los ovnis». En Clave 45 lo presentó como el dato del libro que más puede ser una pareidolia, algo «más artístico» que de investigación. Con razón: un relieve tenue que solo «aparece» con filtros y desde cierto ángulo es justo el terreno donde la pareidolia hace estragos. El LK, además, estaba diseñado para llevar a un solo cosmonauta.
El contrapeso de Carballal. En el epílogo, el propio Carballal —el escéptico de la casa— pone los puntos sobre las íes: «José Luis Jordán Peña sí fue el autor intelectual y material de UMMO», y descarta la moda de atribuirlo al KGB (sus defensores «jamás investigaron Ummo ni hablaron con Jordán»; a Jordán «le encantaba sembrar desconcierto», pero despreciaba a los comunistas). Lo que sí documenta es algo más turbio: los servicios de inteligencia exprimieron el bulo ya hecho. Recuerda haber visto a un agente de la CIA proyectar fotos de platillos con el sello ummita —«más falsos que Judas»— para manipular a políticos estadounidenses crédulos, y cita el informe que la propia CIA publicó en 2017 admitiendo que durante medio siglo usaron el fenómeno ovni como «capa de invisibilidad» para tapar desarrollos militares (del avión Stealth al dron espía español SIVA). El propio incidente de Conil (Cádiz), dos días después de Vorónezh, encubría —según su investigación— una operación de buzos del BND alemán sobre el nudo de cables submarinos de internet.
Los interrogantes que nadie contó
La «postal» viral del 27 de septiembre —los niños, el gigante de tres ojos, el robot— dejó fuera tres cosas que hacen tambalearse tanto a la versión alienígena como a la del módulo soviético. Las dejamos aquí como lo que son: preguntas abiertas.
1) No fue un encuentro: fue una oleada de dos meses. El relato popular se quedó con un día y un parque. Pero los avistamientos —según recopila Maury González— se encadenaron desde mediados de septiembre hasta el 8 de noviembre de 1989: 19, 22 y 23 de septiembre (unas chicas, de noche, desde el tejado de un granero pegado a la planta SK de caucho sintético), el famoso 27, el 28, el 30, el 2 de octubre (otra vez el mismo chico), el 22 de octubre (un obrero metalúrgico)… Y no solo en el Parque Sur: también en el barrio de Mashmet y a 2,5 km del parque, con un precedente en la misma zona ya en 1973. Tampoco fueron solo críos: declararon adultos —un piloto de aviación, el obrero, el vecino Alexander Kutishchev—. Y ahí surge lo incómodo para la tesis marciana: unos visitantes del espacio no vuelven al mismo barrio, pegados a una planta química, cada pocos días durante dos meses. Eso no parece una visita: parece una actividad sostenida en un sitio fijo.
2) ¿Y cómo se marchó la nave? Aquí está el mayor agujero. Un módulo lunar como el LK está pensado para posarse en la Luna —sin atmósfera, a un sexto de gravedad—: no puede aterrizar en un parque y luego despegar en vertical y largarse. Y, en efecto, los testimonios se contradicen justo en ese punto. Unos niños describen un despegue vertical con «lluvia de estrellas» por debajo; pero el testigo adulto más citado, Kutishchev, sostiene que la nave «descendió y desapareció SIN despegar», y otro grupo asegura que «no se elevó ni se alejó: simplemente desapareció». Es decir: casi nunca «se fue volando de verdad»; se esfumaba del sitio.
3) La hipótesis que encaja las piezas: se lo llevaron. Si allí bajó algo real, lo lógico no es que despegara solo, sino que lo retiraran —una grúa, operarios, un helicóptero— entre sesión y sesión, cuando no había público. Y cuadra con los detalles que recoge González: el viento intenso que varios notaron al «elevarse» el objeto (el aire de un helicóptero, no de un cohete); la losa redonda fundida y la «fuerte atracción» que quedaban en el suelo (la huella de un artefacto pesado); y que Vorónezh no es una base de lanzamiento —había industria aeroespacial en la zona, pero nada desde donde «despegara» un cohete—. La contrapartida honesta: nadie dijo «vi un helicóptero». Es una inferencia, no un dato. Pero es mucho más parsimoniosa que un módulo lunar despegando solo de una plaza.
¿La respuesta definitiva? No la tenemos. Lo que sí queda claro es que la escena bonita del tricíclope tapa una historia mucho más rara: semanas de trasiego en un rincón industrial soviético, testigos de todas las edades, y un objeto que sabe bajar pero no sabe irse. Interrogantes sin respuesta clara… que es justo lo que los hace fascinantes.
Aunque la hipótesis del módulo soviético es sugerente —y mucho más razonable que la del «tricíclope»—, no rehabilita a Ummo; al contrario. Vorónezh confirma que el invento de Jordán Peña ya funcionaba como una marca reconocible que cualquiera —ufólogos entusiastas, niños o incluso agencias de espionaje— podía estampar para dar caché a su propia historia.
🔎 El símbolo, al desnudo. El niño que dibujó el «símbolo de Ummo» sobre la nave —según el investigador Borís Shúrinov— ni siquiera estaba con los demás en el momento del «aterrizaje» y lo pintó después de que un ufólogo le enseñara la foto del platillo ummita. Tras hablar con Shúrinov, Jacques Vallée dio el símbolo por un añadido espurio, aunque no el resto del caso. Y la guinda: aquel «símbolo» se parece sospechosamente a la letra cirílica Ж (zh), que cualquier crío ruso sabe escribir. Fuente: ufologie (Patrick Gross).
Fuentes: Incidente ovni de Vorónezh — Wikipedia en español · Voronezh UFO incident — Wikipedia (inglés) · Ummo and Voronej — Patrick Gross, ufologie.patrickgross.org · The UMMO Disillusion, with Jacques Vallee — Absurd by Design · La cobertura del OVNI de Vorónezh — Anticipaciones (blog) · Aliens landed in Russia, according to official Soviet Media — TIME · UFO Chronicles of the Soviet Union: A Cosmic Samizdat (Jacques Vallée) — Google Books. · «El secreto de Vorónezh» (Maury González, Reediciones Anómalas, colección Balazote Libros, 2026; prólogo y epílogo de Manuel Carballal, El Ojo Crítico).
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Maury González · Reediciones Anómalas (colección Balazote Libros), 2026. Con prólogo y epílogo de Manuel Carballal (El Ojo Crítico). Es la investigación en la que se apoya la «Coda 2026» de este capítulo: la hipótesis de que lo que descendió en Vorónezh fue una máquina soviética.
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Hasta principios de los años 80, el caso Ummo era sobre todo un fenómeno español: un puñado de cartas mecanografiadas que circulaban entre ufólogos de Madrid y unos cuantos creyentes convencidos de estar en contacto con una civilización superior. Lo que faltaba para que el bulo saltara las fronteras y se vistiera de respetabilidad era una firma con credenciales. Esa firma llegó de Francia, y pertenecía a un científico de verdad: Jean-Pierre Petit.
Un físico de carné con una afición incómoda
Petit (nacido el 5 de abril de 1937 en Choisy-le-Roi) no es un charlatán de feria. Ingeniero por la prestigiosa SUPAERO en 1961 y doctor por la Universidad de Provenza, ingresó en 1965 en el Instituto de Mecánica de Fluidos del CNRS en Marsella, el principal organismo público de investigación científica de Francia. Allí se especializó en magnetohidrodinámica (MHD), la rama de la física que estudia el comportamiento de fluidos conductores —plasmas— sometidos a campos magnéticos, con aplicaciones a la propulsión sin partes móviles y al control del flujo aerodinámico. En 1974 viró hacia la astrofísica en el Observatorio de Marsella, sin abandonar la ingeniería MHD hasta los años 80. Llegó a director de investigación del CNRS y se jubiló en 2003. En paralelo se hizo enormemente popular por su serie de cómics de divulgación Les aventures d'Anselme Lanturlu, traducida a numerosos idiomas.
Es precisamente ese currículum el que hace su caso tan delicado: cuando un divulgador con bata defiende algo, mucha gente asume que «algo habrá». Y Petit, desde 1975, defendió que las cartas ummitas contenían ciencia real.
«Me adelantaron en mis propias ideas»
El argumento central de Petit era llamativo: sostenía que algunos pasajes de las cartas describían conceptos próximos a sus propios trabajos sobre MHD y propulsión, e incluso insinuó que ciertas ideas ummitas habían inspirado o anticipado líneas de su investigación. Para un lector lego, la jugada era demoledora: si un experto en plasmas reconocía resonancias técnicas en los textos, ¿cómo iban a ser obra de un simple aficionado alicantino? Petit dedicó al asunto varios libros, entre ellos Enquête sur des extra-terrestres qui sont déjà parmi nous (1991) y, años después, Le mystère des Ummites: une science venue d'une autre planète? (Albin Michel, 1995), un título que ya en su portada planteaba la tesis: una ciencia llegada de otro planeta.
Quién es Jean-Pierre Petit, en breve
- Formación: ingeniero SUPAERO (1961), doctor por la Universidad de Provenza.
- Carrera: director de investigación del CNRS; especialista en magnetohidrodinámica.
- Ummo: lo estudia desde 1975 y lo defiende en libros de los 90 en adelante.
- Otra faceta: autor del modelo cosmológico heterodoxo «Janus» (universo gemelo / masas negativas).
Qué dice la comunidad científica: un refrito, no una revelación
El veredicto de los especialistas y de los investigadores escépticos es mucho menos romántico. La llamada «ciencia ummita» no contenía datos realmente novedosos ni verificables. Como han señalado los análisis del caso, buena parte de lo que parecía conocimiento adelantado era, en realidad, material ya publicado —a menudo en revistas científicas extranjeras difíciles de conseguir en la España de la dictadura—, reformulado con una jerga grandilocuente. Es el viejo truco del bulo «científico»: tomar lo ya impreso, vestirlo de exotismo planetario y presentarlo como primicia interestelar. Ningún concepto de las cartas ha producido jamás un avance tecnológico real, una predicción comprobable o un experimento replicable.
Importa además recordar el marco general: el propio José Luis Jordán Peña confesó haber inventado todo el montaje, una confesión que recogió de primera mano el periodista de investigación Manuel Carballal —el mismo que demostró que las célebres fotos de los «platillos» ummitas se podían reproducir con una maqueta y un hilo—. Frente a una autoría humana confesada y un fraude documentado, la tesis de la «ciencia venida de otro planeta» se queda sin suelo.
Una figura polémica que avala una historia falsa
Conviene ser justos y precisos: Petit ha hecho aportaciones reales a la divulgación y trabajó décadas en un organismo serio. Pero, en lo científico, hace tiempo que es una figura heterodoxa y discutida. Su modelo cosmológico «Janus», basado en una teoría bimétrica con masas negativas y «universos gemelos», ha sido criticado por físicos de primer nivel como Thibault Damour por incoherencias matemáticas y violaciones de leyes de conservación. A ello se suman sus incursiones en teorías conspirativas sobre el 11-S o el tsunami de 2004, y su defensa sostenida de la hipótesis extraterrestre pese a la evidencia en contra; incluso ha afirmado haber vivido contactos personales.
El efecto neto sobre Ummo, sin embargo, fue enorme. La adhesión de un científico del CNRS dio al fraude un pasaporte internacional: lo sacó del circuito ufológico español y lo introdujo en Francia y en el debate europeo con un aura de credibilidad que ningún aficionado habría logrado. Es el ejemplo perfecto de cómo la autoridad académica, aplicada fuera de su campo y sin el filtro de la verificación, puede prolongar la vida de una mentira mucho más allá de lo razonable.
⚠ Que un físico defienda algo no lo convierte en cierto. La «ciencia ummita» que Petit toma en serio es, para la comunidad científica, un refrito de conocimiento ya publicado, y el caso entero fue confesado como fraude por su propio creador. Las descripciones técnicas de las cartas pertenecen a la ficción ummita, no a una tecnología real.
🔭 El «universo gemelo» de Petit ↔ el de las cartas. Aquí está lo fascinante: Petit lleva 40 años defendiendo su modelo Janus, una cosmología de dos universos gemelos de tiempos opuestos nacidos de una misma singularidad (para explicar la materia oscura… sin materia oscura). ¿Le suena? Es justo la idea del cosmos gemelo (WAAM-WAAM) de las cartas ummitas. Petit sostiene que esas cartas, que recibió en los 70, inspiraron o anticiparon su trabajo. La pregunta del millón: ¿le dieron ideas las cartas… o él leyó sus propias ideas en ellas? Su modelo se publica, pero la ciencia oficial no lo acepta. Fuente: Jean-Pierre Petit (Wikipedia).
Fuentes: Jean-Pierre Petit — Wikipedia en español · Ummo — Wikipedia en español · Le mystère des Ummites: une science venue d'une autre planète? (Jean-Pierre Petit, Albin Michel, 1995) — ficha del libro · Vendedores de Ummo: el fraude perfecto para una España crédula — Vozpópuli · UMMO: el mayor fraude ufológico de la historia — Los misterios de Javier Lobato · Cronología del caso Ummo — zyberEtika.
El cerebro detrás del humo: Jordán Peña confiesa

Durante casi tres décadas, miles de personas creyeron que una civilización del planeta Ummo mantenía una discreta correspondencia con la Tierra. Detrás de aquel universo de cartas mecanografiadas, fotos de platillos y voces telefónicas no había ningún extraterrestre: había un hombre. Un aficionado a la parapsicología llamado José Luis Jordán Peña que, al final de su vida, reconoció ser el autor del que está considerado el mayor fraude ovni de la historia de España.
El hombre detrás del humo
Jordán Peña fue una figura escurridiza incluso en sus datos básicos. Nacido en Alicante a comienzos de los años treinta —las fuentes oscilan entre 1931 y 1933— y fallecido en 2014, se presentó toda su vida como ingeniero, aunque varios investigadores sostienen que se atribuyó titulaciones que no poseía. Lo que sí cultivó con seriedad fue la psicología y la parapsicología, terreno desde el que diseñó una broma de proporciones colosales. La propia elección del nombre delataba la guasa: UMMO suena a "humo", y él mismo explicó que lo eligió a propósito para sugerir, a quien quisiera verlo, que todo aquello era aire.
El mito arrancó hacia 1966 y se sostuvo durante un cuarto de siglo. La motivación que Jordán Peña dio fue siempre la misma: se trataba de un "experimento sociológico" para medir la credulidad humana. Partía de una idea que repetía con cinismo: que una amplísima mayoría de la gente —él hablaba de un 80%— no cree lo que es verdad, sino lo que quiere creer. Ummo fue su laboratorio para demostrarlo, y durante años funcionó a la perfección.
La maquinaria del engaño
Lo notable del caso es lo artesanal de sus medios. No hizo falta una conspiración millonaria, sino imaginación y unos pocos cómplices.
El kit de un farsante:
- Las cartas: mecanografiadas a máquina, con su célebre símbolo (un trazo parecido a una H con un travesaño curvo) estampado con un sello. Su contenido "científico" estaba en buena parte plagiado de manuales de física y de divulgación ya publicados, lo que explica tanto su pátina técnica como sus errores y contradicciones.
- Las fotos: las célebres imágenes del platillo de San José de Valderas (1 de junio de 1967) se obtuvieron con una maqueta suspendida de un hilo finísimo, fotografiada de manera que el truco resultara difícil de detectar.
- Las voces: las llamadas telefónicas de supuestos "ummitas" se hacían con la voz alterada, recurriendo a un distorsionador para darles un timbre ajeno y artificial.
- Los avistamientos: el episodio de Aluche (1966), en Madrid, contó con la colaboración de Vicente Ortuño, pieza clave para poner en escena la "prueba" visual.
Conviene subrayarlo: todo cuanto las cartas contaban sobre la vida en Ummo, sus naves o su filosofía es ficción. Cuando aquí se mencione lo que "decían las cartas", se está describiendo un relato inventado, no un hecho.
El "Mengele del misterio"
Si Ummo se hubiera quedado en una travesura intelectual, hoy se recordaría con cierta indulgencia. El problema es que el "experimento" tuvo víctimas reales. Investigadores como Manuel Carballal documentaron un reguero de manipulaciones que, a su juicio, justifican el durísimo apodo que él mismo le puso: "el Mengele del misterio", por su frialdad para usar a las personas como cobayas sin asomo de empatía.
El episodio más cruel fue el del refugio de Piedralaves, en la provincia de Ávila. Según el relato que circuló en el entorno ummita, una guerra nuclear se avecinaba y solo había plazas limitadas en aquel refugio para sobrevivir. La consecuencia fue siniestra: un matrimonio del entorno de Antonio Ribera recordó después que, mientras hacían la maleta, se preguntaron qué harían con sus familiares. A esa tortura psicológica se sumaron, según el testimonio de una de sus seguidoras y lo que escribió Carballal, abusos sobre seguidores y sangrías económicas a través de supuestas "patentes alienígenas". Dos agentes anónimos del CESID le contaron además a Carballal que el servicio secreto conocía sus "oscuras aficiones"; ningún documento lo respalda.
⚠ El refugio de Piedralaves no era un juego: jugar con el miedo a una guerra nuclear para forzar a familias reales a elegir quién vivía y quién moría es la cara más oscura de un fraude que sus defensores aún hoy tienden a minimizar.
La confesión que nadie quiso oír
El final llegó por dos vías, según el propio Jordán Peña. Le indignó comprobar que una secta destructiva, Edelweiss, había adoptado su símbolo para marcar y manipular a menores; y poco después recibió una invitación anónima, procedente de Cuba, para acudir a una reunión ummita en casa de uno de los grandes creyentes, el empresario Rafael Farriols. Aquello le hizo "cortar" el experimento. En 1993 envió a Farriols seis cartas reconociéndose como autor único del montaje, y Farriols no le creyó. Entre 1997 y 1998, en su casa de Madrid, se lo contó todo a Manuel Carballal y le redactó una confesión de más de cincuenta páginas.
Carballal fue quien lo acorraló con paciencia de sabueso. Sabía que Jordán Peña y Vicente Ortuño se conocían de antes de los avistamientos —hacia 1966 compartían pensión, según recordó en 1988 el padre del investigador José Juan Montejo—, un dato demoledor que unía al "testigo" y al "autor" mucho antes de que cayera el primer platillo. Peña acabó prestándole el troquel con el que marcaba las láminas de Valderas, y Ortuño le confesó que había sido su cómplice. Programas como El Centinela del Misterio, de Carlos Bustos, contribuyeron a retratar a un mentiroso más que a un mártir incomprendido.
Y, sin embargo, ocurrió lo más insólito: casi nadie le creyó. Buena parte del círculo ummita prefirió pensar que mentía al confesar, no al inventar; que solo asumía "una parte"; que detrás seguía habiendo algo. La paradoja es perfecta y, en cierto modo, le dio la razón. Su experimento sobre la credulidad humana alcanzó su prueba definitiva el día en que el propio farsante confesó el truco… y muchos se negaron a soltar el sueño.
📎 La confesión, de primera mano: Manuel Carballal cuenta cómo le sacó la verdad en «La confesión de Jordán Peña al policía que no lo era» y en «Jordán Peña, el tercer hombre».
Las sectas sexuales que montó él mismo
Hay que decirlo claro: no todas las sectas ummitas fueron de imitadores. El propio Jordán Peña dejó por escrito: «Creé dos sectas, por separado». Una, «mixta», llevaba el nombre de un dios, Pirophos; la otra funcionaba bajo la tapadera de un falso «maestro hindú» (que no existía: era él), con tintes sadomasoquistas, y a su «comunidad» la llamaban «Adupa».
Una de las mujeres de aquel grupo «hindú» relató a El Mundo, en 2022, el mecanismo: cartas de un «maestro» que pedían dinero y muestras de su letra; una supuesta «deuda kármica» que obligaba a Jordán a hacerse su esclavo; amenazas de «karma o muerte»; castigos corporales en el piso conyugal cuando su mujer e hijos estaban fuera; e incluso un falso poltergeist, montado con trucos de ilusionismo, para arrancarle su apartamento «para la comunidad». Llegó a poner anuncios en Segunda Mano buscando esclavos —y, según ella, se le iban los ojos con los adolescentes—. Hubo además una cámara oculta, escondida en un armario, que lo grabó; quién la puso depende de la fuente: Javier Sierra, según Carballal; «dos famosos investigadores ufológicos», según ella.
En sus propias palabras: «Hubo un interés sexual mío en la secta de Pirophos… una secta artificial que fundé yo». El «escéptico» que en la tele desmontaba sectas tenía, en privado, las suyas.
Fuente: «Ummo existe», crónica de David Cuevas (El Mundo) · Manuel Carballal, El Ojo Crítico (lo cuenta con todo lujo de detalle).
De dónde salió un cerebro así
Jordán Peña (Alicante, 1931) era hijo de un pintor conocido y un joven inquietísimo: militó en Acción Católica y entre los jesuitas, montó academias de enseñanza… y en 1974 sería detenido por «amenazas» (llamadas insultantes a la policía, según Carballal), sin que conste juicio ni condena. Su hija lo resumió así: «era un experto en manipular personas, y yo lo fui más que nadie».
Las semillas de Ummo ya asomaban de crío: ataba monedas a hilos de nylon y tiraba de ellas a escondidas para tomar el pelo a la gente; de estudiante, arrojaba billetes desde un piso alto para movilizar a los periódicos (por una apuesta); y grababa a escondidas a la criada de la pensión para reírse con los amigos. «Le gustaba sentirse poderoso», resume su hija. «Fue uno de los gérmenes de Ummo» —y, fíjese: las monedas colgadas de un hilo eran ya, en miniatura, el truco de las fotos del platillo—. (El Mundo, David Cuevas.)
El germen de Ummo: un test de credulidad… y un truco de voz
En 2013 Jordán le contó a José Juan Montejo cuál fue, según él, el origen del fraude. Trabajando en la constructora Agromán (según Carballal, como «ayudante de telecomunicaciones»), descubrió perplejo que uno de los barrios donde más se leía el truculento semanario El Caso era el acomodado barrio de Salamanca. Para probar la incultura de las élites, repartió unos 800 ejemplares de la «Revista de Occidente» mal encuadernados, con las hojas sin cortar; al recogerlos, casi todos volvieron sin abrir. Ese desprecio por la credulidad de la gente «culta» fue, en sus palabras, «el germen del experimento Ummo». Aquella encuesta, según el propio Peña, no se publicó nunca, y Montejo advierte de que no hay forma de comprobarla.
Y una pieza de orfebrería del montaje: para las llamadas «ummitas», Jordán se fabricó un distorsionador eléctrico que daba a cualquier voz «una apariencia metálica o gangosa». No era un genio llegado de las estrellas: era, según decía él —ningún documento lo acredita—, un profesor de física (jefe del área en el instituto Lope de Vega de Madrid) con mucha imaginación y ningún escrúpulo. Carballal lo retrató sin piedad como «el Mengele del misterio». Fuentes: El Ojo Crítico nº 77 (José Juan Montejo, lo de Agromán) y nº 74 y 77 (Manuel Carballal).
Y la ironía suprema: mientras urdía el bulo, Jordán presidió un grupo ufológico «rigurosamente científico» —ERIDANI (Madrid, 1970-75), que catalogaba casos hasta con fichas perforadas—… y que acabó estallando precisamente por culpa de Ummo: los socios científicos, hartos, se marcharon entre denuncias a la policía. El escéptico de la tele tenía, en privado, su propio club de creyentes. Fuente: El Ojo Crítico nº 91-92 (Moisés Garrido, «Luces y sombras del grupo Eridani A.E.C.»).
¿Y ganó dinero con Ummo? Según Carballal, sí: escribió en 2014 que convenció a un directivo de RENFE de que las cartas lo «señalaban» como el único capaz de desarrollar una patente ummita de «televisión en relieve», y que cobró por ello 150.000 pesetas al mes. Peña negó siempre haber ganado dinero con Ummo. Tampoco se limitó a Ummo: en 2013 contó que en 1978 había simulado con el testigo las hipnosis de otra abducción falsa (el «caso Julio F.») y que le metió elementos ummitas para «fomentar UMMO»; el testigo había muerto en 1992 y no pudo contestar. Y presumía de un sello secreto: «No es un sello de goma. Es un procedimiento secreto que inventé yo». Fuentes: El Ojo Crítico nº 74 (José Antonio Caravaca, lo de Julio F.) y nº 77 (Manuel Carballal).
Fuentes: Ummo — Wikipedia (es) · Jordán Peña: el Mengele del misterio — El Ojo Crítico (Manuel Carballal) · José Luis Jordán Peña: el tercer hombre — El Ojo Crítico · La confesión de Jordán Peña al policía que no lo era — ManuelCarballal.com · UMMO: el mayor fraude ufológico de la historia — Los Misterios de Javier Lobato · Ummo: el día que Jordán Peña 'mostró sus cartas' y nadie pescó el guiño — Factor (Alejandro Agostinelli).
La «clínica ummita» de Cañuelas (Argentina)

De todas las ramificaciones del caso UMMO, ninguna deja un poso tan amargo como la de Cañuelas. Lo que en España fue un juego intelectual de cartas mecanografiadas, en la pampa bonaerense se convirtió en algo muy distinto: una clínica donde, al amparo del mito ummita, se prometía la curación del cáncer a enfermos terminales. Aquí el fraude dejó de ser un entretenimiento para crédulos y empezó, presuntamente, a contar muertos. Es la prueba de hasta dónde puede llegar una ficción cuando alguien decide explotarla sin escrúpulos a más de diez mil kilómetros de su creador.
El falso doctor de Baradero
El protagonista de esta historia se llamaba Carlos Eduardo Jerez, nacido en Baradero (provincia de Buenos Aires) en 1939. No era médico ni físico: era técnico de radio y televisión. Con ese oficio y mucha imaginación se presentó al mundo como un sabio capaz de sanar lo incurable. Llegó incluso a afirmar que era un híbrido, que por sus venas corría "sangre no humana" y que continuaba un linaje científico heredado de su abuelo materno. Y, sobre todo, se proclamó vinculado a los ummitas, los supuestos seres del planeta Ummo que por entonces inundaban Europa con sus cartas. El mito que José Luis Jordán Peña había echado a rodar en Madrid le servía a Jerez de coartada cósmica para su negocio.
La PICA: un platillo a la vera de la ruta 3
En 1973, en el kilómetro 77 de la ruta 3, a las afueras de Cañuelas, Jerez levantó su templo: la Planta de Investigación Científica Argentina Internacional de Neurología (PICA). El reclamo era imposible de ignorar. En la entrada plantó un platillo volante de aluminio bruñido, de varios metros de altura, fabricado a mano por un empleado de zinguería. El interior parecía un decorado de ciencia ficción de la época: consolas, tableros, osciloscopios, antenas, campanas de aluminio, pantallas fluorescentes y "luces de colores" que, según él, emitían energía cibernética, campos escalares y "rayos gamma" capaces de destruir tumores. Toda la parafernalia tecnológica la había montado el propio Jerez con sus conocimientos de electrónica. Funcionaba como un decorado: impresionaba, pero no curaba nada.
Las cifras del engaño
- Hasta 20 consultas diarias y cerca de 200 pacientes en tratamiento cuando llegó la clausura.
- Perfil de las víctimas: enfermos desahuciados de cáncer y dolencias neurológicas, psiquiátricas y cardíacas.
- El acceso, según las crónicas, requería cartas de recomendación de altos cargos militares o políticos.
Lo que prometía Ummo (y lo que nunca cumplió)
Conviene recordarlo con claridad: UMMO es un fraude. Jordán Peña confesó años después haber inventado el mito desde su mesa de Madrid. Por eso, cuando hablamos de "medicina ummita", "campos escalares" o "tecnología de otro planeta", hablamos siempre de según el mito, nunca de ciencia. En Cañuelas, esa ficción tenía un coste real: a quienes acudían en busca de un milagro se les vendía esperanza a precio de oro mientras la enfermedad seguía su curso. El astrónomo y ufólogo Jacques Vallée, en su libro Revelations (1991), describió la clínica de Cañuelas como «la parte más curiosa y ominosa de la historia de UMMO».
Clausura, dictadura y la mano de Ramón Camps
Las denuncias del estamento médico acabaron pesando. En 1976 —en abril, según Infobae; en junio, según Carballal y la agencia DIB— la Subsecretaría de Salud Pública de la provincia de Buenos Aires clausuró la PICA por ejercicio ilegal de la medicina: su director carecía de cualquier titulación. Pocos meses después, ya bajo la dictadura, Jerez fue detenido. Pero aquí el caso da un giro inquietante: pese a estar en plena maquinaria represiva del Proceso, salió en libertad, según un médico que trabajó en la clínica, al cabo de un mes (Carballal habla de un año), gracias a sus contactos con altos mandos militares, cultivados entre su clientela. Ese mismo médico, en unas declaraciones que recogió la agencia DIB en 2024, sostiene que quien lo detuvo fue el temido jefe de la policía bonaerense, el coronel Ramón Camps. Que un charlatán pudiera sortear así a la Junta Militar dice mucho de las complicidades que llegó a tejer.
La acusación de 1995
El episodio más oscuro llegó casi dos décadas después. En 1995, según Infobae, que solo habla de «indicios o trascendidos», Jerez fue acusado de doble homicidio y ejercicio ilegal de la medicina. El caso giraba en torno a la muerte de dos pacientes —dos mujeres mayores con cáncer— que, según la acusación, abandonaron prematuramente sus tratamientos médicos porque confiaron en la "medicina ummita". Esa es la esencia del daño: no hace falta administrar un veneno; basta con convencer a un enfermo de que deje la quimioterapia y se ponga en manos de unas luces de colores.
⚠ El número real de muertos asociados a la clínica es desconocido. Solo se conocen dos casos, y ni siquiera de ellos hay un documento judicial a la vista, pero por la PICA pasaron centenares de enfermos terminales a lo largo de los años. Cualquier cifra mayor sería especulación: lo honesto es decir que no se sabe cuántas vidas se acortaron a la sombra del mito.
Papel higiénico y desaparición
Tras la clausura de los años setenta, Jerez regresó a la zona de Baradero y, en los años ochenta, se le conoce trabajando en una fábrica de papel higiénico llamada "Hono". El detalle tiene su guiño macabro: según las versiones del propio entorno ummita, "Hono" era el nombre del supuesto servicio de inteligencia del planeta Ummo. Del sanador cósmico al papel higiénico. Después, el rastro se pierde. Hoy nadie sabe con certeza qué fue de Carlos Eduardo Jerez, si vive o murió ni dónde acabó. Quedan los expedientes, los recortes de prensa y el recuerdo, en Cañuelas, de aquel platillo de hojalata junto a la ruta donde el fraude UMMO dejó de ser una broma intelectual para convertirse en una cuestión de vida o muerte.
¿Cómo colaba? Carlos Eduardo Jerez (Baradero, 1939), técnico de radio y TV disfrazado de eminencia médica, decía tener «sangre no humana» y continuar la obra científica de su abuelo en Francia. En la entrada, una escultura de un ovni; dentro, «campos escalares», luces de colores que emitían «energía cibernética» y rayos gamma. A un médico le soltó que el equipo era «de afuera. No de aquí», en referencia a Ummo. Para dar credibilidad contrató a médicos de verdad, y los pacientes —unas 20 consultas al día— llegaban con cartas de recomendación de altos cargos políticos y militares. Esas mismas conexiones fueron las que luego lo libraron de la cárcel. Fuente: Infobae.
El epílogo no tiene desperdicio: más tarde, Jerez acabó trabajando en una fábrica donde se producía… papel higiénico de marca «Hono», otra vez con el símbolo )+( estampado. Como remató Carballal, «nunca el invento de Jordán Peña estuvo tan lleno de mierda». Fuente: El Ojo Crítico (Manuel Carballal), nº 77.
Fuentes: El hospital ummita de Cañuelas — Manuel Carballal · El falso doctor con sangre 'no humana' y el misterio de la clínica de Cañuelas — Infobae · La enigmática 'clínica ummita' que se levantó en Cañuelas en los años '70 — Agencia DIB · La misteriosa clínica E.T.: la historia de un falso médico nacido en Baradero — Baradero Te Informa · La extraña clínica de Cañuelas donde se 'curaba' el cáncer con tecnología extraterrestre — InfoCañuelas.
La maqueta, la caña y la confesión completa

Durante casi treinta años, las fotografías de San José de Valderas fueron consideradas "el caso perfecto": la prueba gráfica que, según los creyentes, demostraba que una nave ummita había sobrevolado los cielos de Madrid en 1967. Eran nítidas, mostraban un objeto con un símbolo extraño en la base y, según se dijo, procedían de dos fotógrafos distintos: uno anónimo y un tal «Antonio Pardo», que según Poher era el mismo fotógrafo y según Jordán Peña (2013), él mismo. Si UMMO era real, allí estaba la imagen que lo certificaba. El problema es que, cuando alguien se molestó en intentar reproducirlas con material de ferretería, salieron clavadas. Y quien lo hizo fue el investigador Manuel Carballal.
La maqueta colgada de un hilo
En 1997, Carballal y su entorno (el equipo vinculado a la revista El Ojo Crítico y al programa de divulgación misteriosa de la época) decidieron poner a prueba la hipótesis más simple: que las célebres fotos no mostraban una nave, sino una maqueta diminuta suspendida de un sedal. Siguiendo lo que el propio falsario había descrito, montaron un platillo casero, lo colgaron de un hilo del mismo tipo que el de Peña, lo fotografiaron al aire libre y revelaron el carrete.
El resultado fue demoledor. Con una velocidad de obturación alta, el desenfoque del fondo y la luz dura del exterior hacían que el objeto pareciera grande y lejano; el hilo, finísimo, se desvanecía en el grano de la emulsión. Para rematar el experimento, repitieron la toma treinta años después de las originales de 1967, en mayo de 1997, a la misma hora y con película de sensibilidad equivalente. Las imágenes nuevas eran casi indistinguibles de las "míticas". El caso perfecto se montaba, literalmente, con dos platos, una semiesfera transparente, un sedal y una caña de pescar.
El truco, pieza a pieza:
- La maqueta: un platillo casero (según la confesión, dos platos de plástico y una cúpula transparente).
- El hilo: nylon muy fino, invisible al forzar el revelado y el grano.
- El soporte: una caña que sostenía el conjunto desde fuera del encuadre.
- El laboratorio: el falsario era aficionado a la fotografía y revelaba él mismo; podía manipular el contraste y cortar los negativos donde asomaban la mano, la caña o el sedal.
Por qué la reconstrucción cierra el caso
La clave del trabajo de Carballal no fue solo "copiar" las fotos, sino explicar sus rarezas. ¿Por qué el autor original entregó unas tomas y ocultó otras? ¿Por qué algunos negativos estaban recortados? La respuesta, al reproducir el método, era obvia: en buena parte de los disparos aparecían inevitablemente la mano del ayudante, la caña o el hilo. El falsificador se quedó con las "buenas" y eliminó las comprometedoras. El recorte de los negativos, lejos de ser una anécdota, era la huella del montaje.
A esto se sumaba todo lo demás: el análisis grafológico y estilístico que conectaba las cartas ummitas con dibujos y textos firmados por José Luis Jordán Peña en publicaciones de parapsicología; la identificación de su entorno (se señaló a un amigo, Vicente Ortuño, como colaborador en la jornada fotográfica) y el reguero de pruebas materiales que el propio autor había sembrado en el barrio para que "alguien" las encontrara, incluida una de las láminas con el símbolo ummita que terminó analizándose en el INTA.
De la confesión parcial a la confesión completa
Jordán Peña no se rindió de golpe. En 1993 había remitido seis cartas a Rafael Farriols —el empresario que había financiado y creído en UMMO durante décadas— declarándose único autor del fraude, y Farriols no le creyó. En 1997 y 1998, en las entrevistas con Manuel Carballal, lo dijo con una frase que ya es histórica: "He sido el autor de Ummo. Es un experimento que hice para estudiar la credulidad del hombre", describiéndolo como un experimento de unos veinticinco años que se le había ido de las manos.
Pero una confesión, por sí sola, puede negarse o reinterpretarse. Lo que cerró el círculo fue la combinación de admisión + reconstrucción + pruebas físicas. En 1997 y 1998, con la confesión escrita de más de cincuenta páginas que Peña redactó para Carballal, el troquel que le prestó, la confesión de su cómplice Ortuño y el método fotográfico ya replicado, la autoría material e intelectual de Jordán Peña quedó establecida sin grietas razonables. El "planeta UMMO" había nacido en una cabeza humana, en Madrid, con utillaje de ferretería.
La resistencia de los creyentes
Y aun así, muchos no lo aceptaron. Es uno de los rasgos más fascinantes —y más estudiados— del caso. Frente a la maqueta, se esgrimió que el supuesto hilo era solo "un arañazo del negativo": lo era, pero la maqueta nunca dependió del hilo, que ningún análisis de los originales ha encontrado. Frente a la confesión, se respondió que Jordán Peña mentía al confesar, que era un agente desinformador o que su admisión formaba parte de una conspiración mayor para tapar el contacto real. Hasta su hijo y diversos grupos —entre ellos la asociación francesa Ummo Sciences— siguieron sosteniendo, ya en el siglo XXI, la autenticidad del fenómeno.
⚠ Una idea clave para entender el caso: cuando una creencia se ha sostenido durante décadas, la confesión del propio autor no siempre basta para derribarla. Para el creyente convencido, la prueba de que es falso se convierte, paradójicamente, en una prueba más de lo bien tapado que está. Por eso UMMO sigue "vivo" pese a estar resuelto.
Jordán Peña falleció en 2014. Dejó un fraude confesado, documentado y reproducido con una maqueta y un sedal, y al mismo tiempo una comunidad que, en parte, prefiere no creer en su confesión. El trabajo de Carballal demostró lo más incómodo de todo: que el "caso perfecto" no era una nave imposible de explicar, sino una fotografía perfectamente explicable. Solo había que coger una maqueta y un hilo y atreverse a repetirla.
📎 La confesión completa: la documentó Manuel Carballal, que además replicó las fotos del 67 treinta años después (El Ojo Crítico).
Fuentes: Ummo — Wikipedia en español · José Luis Jordán Peña: el tercer hombre — El Ojo Crítico · UMMO: sectas, sexo y servicios secretos — El Ojo Crítico · UMMO, la ufología del botijo — Espacio Misterio · José Luis Jordán Peña — Wikipédia (francés).
De Borges a los creyentes irreductibles

Hay fraudes que mueren cuando su autor confiesa. Y luego está Ummo. En la década de 2000, una vez que José Luis Jordán Peña había reconocido por escrito y ante investigadores como Manuel Carballal ser el cerebro del mayor montaje ovni de la historia de España, lo lógico habría sido que el invento se desplomara. No ocurrió. En lugar de extinguirse, Ummo dio un giro extraño: dejó de discutirse solo como un caso ufológico y empezó a estudiarse como un mito moderno, un objeto cultural por derecho propio. Y, en paralelo, un núcleo de creyentes irreductibles siguió tomándolo por verdadero, blindado frente a la propia confesión del falsario.
El espejo de Borges: cuando un mundo inventado se cuela en la realidad
La comparación más célebre y certera la firmó un peso pesado de la ufología internacional, el astrofísico y escritor francés Jacques Vallée. En su libro Revelations: Alien Contact and Human Deception (1991), según las reseñas que lo citan, Vallée comparó Ummo con un cuento de Jorge Luis Borges: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, publicado por el escritor argentino en 1940 y recogido luego en Ficciones.
El paralelismo es brillante. En el relato de Borges, una sociedad secreta de sabios se propone inventar un planeta entero —Tlön— con su geografía, sus idiomas, sus matemáticas y hasta su metafísica, y lo va filtrando en la realidad a través de una enciclopedia apócrifa. Lo inquietante del cuento es que esa ficción minuciosa empieza a contagiar el mundo real: aparecen objetos imposibles, la gente abraza las ideas tlönianas y, poco a poco, la realidad se deja colonizar por el invento. Eso es, casi punto por punto, lo que hizo Ummo: un corpus de más de mil folios mecanografiados, coherentes entre sí, firmados con aquel símbolo en forma de "H" rematada, que describían un planeta lejano y su civilización con tal nivel de detalle que muchos prefirieron creer antes que dudar. Vallée vio en Ummo un Tlön real, una ficción tan bien construida que terminó instalándose en la realidad de sus lectores.
Tlön y Ummo, dos mundos de papel:
- El método: ambos se construyen con documentos escritos, no con pruebas físicas. La palabra crea el mundo.
- La coherencia: el detalle interno (idioma, ciencia, sociedad) sustituye a la evidencia y genera la ilusión de verdad.
- El contagio: la ficción no se queda en el papel; se cuela en la vida de la gente y la transforma.
- La diferencia clave: Tlön es literatura confesa; Ummo se presentó como real. Por eso uno es una obra maestra y el otro, un fraude.
Los creyentes irreductibles
La confesión de Jordán Peña, de 1993, no convenció a todo el mundo. Al contrario: para una parte de los fieles, fue una prueba más de la conspiración. Surgieron y se mantuvieron grupos que siguen defendiendo la realidad del fenómeno. En Francia, donde Ummo había echado raíces desde los años sesenta, operó Ummo Sciences, una asociación que se presentaba como un grupo de estudio "científico" empeñado en demostrar que detrás de las cartas hay algo verdadero. En Bolivia, el periodista Enzo Daedro contó en 2000 la historia de una secta llamada las Hijas de Ummo, que nadie ha confirmado de forma independiente. Incluso desde el entorno familiar del propio Jordán Peña se ha alimentado la ambigüedad: su hijo, José Luis Jordán Moreno, llegó a declarar a la prensa española en 2022 que su padre "eligió a un grupo de personas cultas que estaban abiertas a entender o creer en la vida extraterrestre", una frase que más que cerrar el caso lo vuelve a abrir.
El argumento favorito del creyente irreductible es siempre el mismo: que Jordán Peña solo reconoció parte del montaje, que se atribuyó un fraude que le venía grande para tapar una verdad mayor. Es la lógica circular de toda creencia blindada: cualquier desmentido se reinterpreta como confirmación.
⚠ Conviene recordarlo sin matices: Ummo es un fraude. Jordán Peña confesó haberlo urdido como experimento sobre la credulidad humana, redactando los informes los fines de semana y fotografiando una maqueta colgada de hilo de nylon. Que sobrevivan creyentes no convierte el mito en realidad; lo convierte en un caso de estudio sobre por qué creemos.
Por qué un bulo sobrevive a su propio autor
Aquí está lo verdaderamente interesante para "Clave 45". Que un fraude resista a la confesión de quien lo cometió dice mucho más de nosotros que del fraude. Cuando alguien ha invertido años, lecturas y una parte de su identidad en una creencia, admitir el engaño cuesta más que reinterpretar las pruebas. El mito ya no le pertenece al autor: pertenece a la comunidad que lo sostiene. Por eso Ummo dejó de ser propiedad de Jordán Peña en el momento mismo en que dejó de necesitarlo.
De ahí su segunda vida, la académica y cultural. Despojado de la pregunta ingenua ("¿es verdad?"), Ummo se vuelve fascinante como fenómeno sociológico: un caso de laboratorio sobre la fabricación de creencias, la psicología de las sectas, la diseminación de leyendas en la era pre-internet. Investigadores serios, divulgadores y, sobre todo, la línea de trabajo de Manuel Carballal lo han abordado precisamente así, no como un misterio cósmico sino como un espejo de la credulidad de una época. La España de los sesenta y setenta —ávida de maravillas, sedienta de modernidad— fue el caldo perfecto. Y Borges, sin saberlo, había escrito el manual treinta años antes: a veces, basta una ficción lo bastante bien hecha para que el mundo decida creerla.
📚 Ummo, un cuento de Borges hecho realidad. Esta es la lectura más fina del caso. Jacques Vallée, en su libro Revelations (1991), apuntó, según las reseñas que lo citan, que los autores de Ummo se inspiraron en el relato de Jorge Luis Borges «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» (1940): un grupo de eruditos inventa un planeta entero y, a base de publicar referencias sobre él, ese mundo ficticio empieza a «filtrarse» en la realidad hasta que la gente lo da por cierto. Es, punto por punto, lo que pasó con Ummo —y el guiño cuadra: el truco nació en ámbito hispanohablante, y hasta el «universo gemelo» ummita huele a Borges—. La ironía es perfecta: el mayor fraude ovni de España acabó demostrando la tesis del cuento, que una idea repetida y citada acaba «existiendo». Vallée añadía una sospecha: detrás podría haber servicios de inteligencia (OTAN o Pacto de Varsovia) «enturbiando las aguas». Fuente: We Are the Mutants (sobre Revelations, de Jacques Vallée).
🛸 El creyente que nunca se rindió. Pese a la confesión, el gran archivero del caso, Ignacio Darnaude, sostiene que «es absolutamente irrealizable que José Luis Jordán Peña sea el autor del centelleante epistolario ummita». Para los fieles, la confesión no cierra nada: es solo otra capa del misterio. Fuente: El Ojo Crítico (Manuel Carballal), nº 77.
Fuentes: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius — Wikipedia (referencia a Jacques Vallée y Ummo) · Ummo — Wikipedia en español (confesión, creyentes, comparación con Borges) · Vendedores de Ummo: el fraude perfecto para una España crédula — Vozpópuli · El caso Ummo y los ummitas — Entrevista a Manuel Carballal (Terra Máxica) · UMMO: el mayor fraude ufológico de la historia — Los misterios de Javier Lobato · Cronología del caso Ummo — zyberEtika · Tlön, Uqbar, Orbis Tertius (texto completo) — Ciudad Seva.
Ummo llega a Movistar Plus+ (y el hijo grita «¡Ummo existe!»)

Para casi cualquier fenómeno español del siglo XX hay un momento que certifica que ha pasado a la cultura popular: el día en que llega a la pantalla. UMMO lo tuvo el 14 de noviembre de 2022, cuando Movistar Plus+ estrenó Ummo, una docuserie de no ficción en tres episodios sobre el que, a estas alturas, sabemos que fue el mayor fraude ovni de la historia de España. Más de medio siglo después de aquella primera "luz blanca" sobre Aluche en 1966, el invento de José Luis Jordán Peña aterrizaba en el catálogo de una gran plataforma. Y lo hizo con un final inesperado: en el estreno, el propio hijo del autor se levantó a gritar que todo era verdad.
Una docuserie para entender el mayor caso ovni español
Producida por Movistar Plus+ junto a LaCima Entertainment, la serie fue dirigida por Laura Pousa y Javier Olivera. Tres capítulos de en torno a cincuenta minutos que reconstruyen el fenómeno desde sus orígenes en el Madrid de los sesenta hasta sus ecos actuales: las cartas mecanografiadas firmadas por supuestos extraterrestres del planeta UMMO, los avistamientos de San José de Valderas, la red de "informados" que durante décadas recibió aquellas misivas y, sobre todo, la deriva final del caso, cuando Jordán Peña confesó haberlo urdido todo. No es un relato complaciente con lo paranormal: la serie ordena la historia como lo que fue, un montaje humano con nazis de fondo, hipnotizadores, sectas y experimentos de control social en el imaginario de una España que ansiaba modernidad.
Ficha rápida
- Título: Ummo (Movistar Plus+)
- Estreno en plataforma: 14 de noviembre de 2022
- Presentación previa: Festival de Sitges, octubre de 2022
- Formato: docuserie de no ficción, 3 episodios (~50 min)
- Dirección: Laura Pousa y Javier Olivera
- Producción: Movistar Plus+ y LaCima Entertainment
El reparto de voces es revelador del peso cultural del caso. Por la serie desfilan periodistas y rostros conocidos como Juan Ramón Lucas, Andrés Aberasturi, Rosa María Mateo, el cineasta Nacho Vigalondo, el investigador José Juan Montejo o el escritor Eduardo Bravo, junto a material de archivo en el que aparece el propio Jordán Peña. Y, de manera muy significativa, participa la hija del autor.
La hija y el padre
La presencia de la hija no es anecdótica: desde el primer episodio cuenta que en casa se sabía que las cartas las escribía su padre.
El grito de Sitges: "¡Ummo existe!"
El episodio que convirtió el estreno en noticia ocurrió en el Festival de Sitges, en octubre de 2022, durante la proyección previa al lanzamiento en plataforma. Cuando terminó la sesión, el hijo del autor, José Luis Jordán Moreno, se levantó de su butaca y, visiblemente indignado, gritó frases como «¡No puede ser! ¡Es mentira! ¡Ummo existe!» y acusó a los responsables de la serie de "usurpadores", antes de que se le invitase a abandonar la sala. La escena resume a la perfección la paradoja del caso: el hijo del hombre que confesó haberlo inventado todo defendiendo, en una sala de cine, que el planeta UMMO es real.
"Telefónica se puede haber metido en un charco"
Pero detrás del arrebato había también un cálculo. Jordán Moreno avisó de que la operadora —matriz de Movistar— "se podía haber metido en un charco" y reclamó que los derechos de las cartas ummitas le pertenecían por herencia. Su argumento: su padre fue el autor original de aquellas misivas; fallecido en 2014 y muerta también la madre en 2020, la propiedad intelectual recaería en él y en su hermana. El hijo llegó a sostener que las cartas se habían difundido y publicado en internet sin autorización, y reprochó a la compañía no reconocer la autoría de su padre.
⚠ La reclamación de derechos no debe confundirse con una validación del fenómeno. Que la familia pelee por la propiedad de las cartas no significa que UMMO exista: significa, justamente, que las cartas eran obra de un autor humano, Jordán Peña, lo cual es la prueba contraria a la existencia de los extraterrestres.
La postura de Movistar Plus+ fue la contraria: que la docuserie "no está basada en ninguna obra con derechos de propiedad intelectual", sino que es un trabajo documental sobre hechos y testimonios. Curiosamente, la propia hija, que sí colaboró en la serie, evitó pronunciarse sobre la cruzada legal de su hermano. Más allá del litigio, la escena de Sitges quedó como una de las imágenes definitivas del caso: décadas después de la confesión, UMMO seguía generando creyentes acérrimos, incluso en su propia familia, y demostraba que un fraude bien construido puede sobrevivir, como mito, a quien lo inventó.
🎙️ El hijo, en su salsa. José Luis Jordán Moreno —psicólogo, hoy dedicado al café de especialidad— sostiene que su padre fue «el primer ser humano en visitar el planeta Ummo» y que «yo fui el segundo y último». Diez días antes de Sitges se presentó en un congreso en Bilbao para entregarle una carta a José María Álvarez-Pallete (presidente de Telefónica) y le soltó al rey Felipe VI: «Señor, soy el hijo de José Luis». Dice que con su padre tenía un «pacto de caballeros» de tres normas: discreción, nada de ganar dinero y una tercera sobre su hermana. (El Mundo, David Cuevas.)

La cruzada del heredero. El hijo reclama los «derechos de autoría» de Ummo como heredero de su padre, sostiene que «Ummo existe» y acusa, sin aportar pruebas, a investigadores como Enrique de Vicente, Javier Sierra o Manuel Carballal de haber «agredido» a su padre. Su hermana defiende lo contrario: que el propio Jordán reconoció el fraude. 📺 promo de la docuserie · entrevista al hijo · «Ummo siempre vuelve» (El Ojo Crítico).
Fuentes: Llega a Movistar+ 'Ummo', una docuserie sobre el mayor caso de ovni de España (Prensario) · UMMO: La España alienígena, vista en Sitges 2022 (Fin de la Historia) · La increíble historia del planeta Ummo y la lucha por los derechos de la nueva serie de Movistar (OKDIARIO) · El planeta extraterrestre Ummo y la batalla por los derechos legales (Valencia Noticias) · "¡Ummo existe!" Jordán Moreno en Sitges, 9 de octubre 2022 (YouTube) · UMMO, una docuserie sobre el caso ovni más famoso de España (Cineconn).
Un guiño a Ummo, en la frente de Berto Romero

Hay un dato que resume, mejor que cualquier ensayo académico, lo hondo que caló el bulo de Ummo en España: sesenta años después de aquellos supuestos avistamientos de Aluche, algo que recuerda a su símbolo —el famoso )+(, dos paréntesis de espaldas con una cruz en medio— ha terminado colándose en la imagen de una serie de comedia paranormal: una marca roja en la frente del protagonista, dos arcos abiertos hacia fuera con un punto en medio. No en un documental sobre el caso, no en un reportaje serio. En una comedia. Y lo ha hecho como guiño cómplice, dando por hecho que el espectador español lo reconocerá al instante. Esa es la verdadera medida de un mito.
"El otro lado": cuando a Berto Romero lo abducen
El otro lado es la serie de terror y comedia creada y protagonizada por Berto Romero para Movistar Plus+, estrenada en noviembre de 2023 y dirigida por Javier Ruiz Caldera y Alberto de Toro. Romero interpreta a Nacho Nieto, un periodista del misterio en horas bajas que, tras un intento de suicidio, vuelve a la vida acompañado por el fantasma de su mentor, el doctor Estrada (Andreu Buenafuente), un mítico divulgador de lo paranormal fallecido décadas atrás. Juntos investigan un caso de poltergeist en un piso de las afueras de Barcelona. El reparto incluye a Eva Ugarte, María Botto y, muy significativamente, al cineasta Nacho Vigalondo.
La segunda temporada, titulada El otro mundo, empezó a rodarse en junio de 2026 y tiene previsto su estreno en 2027. Y aquí está la clave del guiño: la sinopsis arranca con Nacho Nieto siendo abducido por unas luces misteriosas. A partir de ese momento cree haber recibido un mensaje urgente para la humanidad, aunque no recuerda su contenido —mientras su familia lo interpreta como un nuevo brote psicótico—. Una abducción, un mensaje cósmico que el "contactado" no logra retener: el argumento es prácticamente una caricatura cariñosa del relato ummita clásico. Que algo parecido al símbolo de Ummo aparezca asociado a esa trama no es casualidad: Romero reconoció en julio de 2026, en el diario Ara, que «la historia tiene algunas cosas del caso Ummo».
No confundir dos productos distintos
La serie de Berto Romero no trata sobre Ummo: solo lo cita como guiño. La obra que sí disecciona el caso es la docuserie Ummo, la España alienígena (Movistar Plus+, 2022), de tres episodios, dirigida por Laura Pousa y Javier Olivera, con títulos tan elocuentes como "Fake" y "Desmontando a Jordán Peña". En ella participa, entre otros, el propio Nacho Vigalondo, lo que cierra un curioso círculo: el mismo cineasta fascinado por Ummo aparece luego actuando en la ficción de Berto.
Un símbolo que se convirtió en icono pop
Conviene recordar de dónde sale ese logotipo. Según el relato que el propio José Luis Jordán Peña montó a partir de 1966, las naves ummitas exhibían en su parte inferior un símbolo peculiar que recuerda vagamente al signo alquímico del planeta Urano. Jordán Peña acabó confesando que todo era un fraude: que él escribió las cartas y fabricó las célebres fotografías de los supuestos platillos. El nombre mismo, llegó a sugerir, jugaba con el español "humo": pura niebla. Y sin embargo, ese garabato inventado se transformó en uno de los pictogramas más reconocibles de la iconografía popular española.
La razón de su penetración cultural está en la televisión de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. La temática ummita fue un clásico de programas como Más allá, presentado por Fernando Jiménez del Oso, a los que Jordán Peña acudía con frecuencia. Durante años, millones de españoles oyeron hablar de Ummo en horario de máxima audiencia como si fuera un asunto digno de debate. Esa exposición masiva sembró el símbolo en el imaginario colectivo mucho antes de que internet existiera.
⚠ Importante: todo el "expediente Ummo" —cartas, fotos, planeta orbitando una estrella lejana— es una invención confesada por su autor. Cuando aparece en una serie o una película, funciona como cita cultural a un fraude célebre, no como prueba de nada. El guiño es precisamente eso: un homenaje a la broma colectiva, no a una realidad.
Ummo, ADN de la cultura pop española
El de Berto Romero no es un caso aislado, sino el último eslabón de una larga cadena. Ummo lleva décadas funcionando como referente compartido entre creadores españoles que crecieron con el mito. La fascinación de Nacho Vigalondo por el fenómeno —presente tanto en la docuserie de 2022 como en su filmografía de ciencia ficción— es quizá el ejemplo más visible de toda una generación de autores para quienes lo ummita es un guiño generacional inmediato.
Lo revelador es el tono. Cuando un símbolo nacido de un engaño puede aparecer en el cartel de una comedia y servir de chiste compartido, significa que ha dejado de pertenecer a los ufólogos para pertenecer a todos. Ummo ha completado el viaje del expediente "serio" al meme cultural: del plató de Más allá al humor de Movistar Plus+. Que un bulo de 1966 siga siendo lenguaje común en 2026 —reconocible sin necesidad de explicación— es, paradójicamente, el mayor triunfo de un fraude que nunca dejó de ser otra cosa que humo.
Fuentes: El otro lado — Wikipedia en español · Comienza el rodaje de 'El otro mundo', la segunda temporada de 'El otro lado' de Berto Romero — FormulaTV · Berto Romero pasa a 'El otro lado' con un equilibrio entre comedia, terror y crítica a los medios — elDiario.es (Vertele) · UMMO, una docuserie sobre el caso ovni más famoso de España — Cineconn · Ummo (caso ufológico) — Wikipedia en español · El otro mundo: la segunda temporada de la serie de Berto Romero — Cineconn.
¿Y hoy? Creyentes, escépticos y secuelas
El planeta Ummo nunca existió. Su inventor, el alicantino José Luis Jordán Peña, confesó la autoría del fraude en 1993, en las páginas de la revista escéptica La Alternativa Racional. Cabría esperar que, con la confesión, el mito se apagara. No fue así. Más de tres décadas después, Ummo sigue teniendo creyentes, sigue teniendo escépticos que lo desmontan una y otra vez, y arrastra una estela de daño humano que ningún desmentido puede borrar. Esta es la última rama del reportaje: el presente y el coste real de un planeta de mentira.
Los creyentes que no se rinden
El rasgo más asombroso del caso Ummo es su supervivencia a la confesión de su propio autor. A día de hoy persisten grupos y webs dedicados a estudiar (y defender) el "expediente": en España, el entorno conocido como Ummo-Ciencias; en Francia, su equivalente Ummo-Sciences, que sigue recopilando y difundiendo las cartas atribuidas a los ummitas. Para estos colectivos, la admisión de Jordán Peña no zanja nada: argumentan que un solo hombre no pudo redactar miles de folios con apuntes de física, cosmología y biología, o sostienen directamente que la "confesión" forma parte de una operación de encubrimiento.
La figura más célebre de esa corriente es el físico francés Jean-Pierre Petit (nacido en 1937), ingeniero del CNRS y divulgador, especialista en magnetohidrodinámica. Petit dedicó al asunto su libro Le mystère des Ummites y defendió que algunas de las cartas contenían intuiciones científicas notables para su época, sobre todo en cosmología. Donde otros veían un fraude, él pedía "leer con cuidado" el dossier. Conviene recordar que sus tesis ummitas son minoritarias y no han sido respaldadas por la comunidad científica.
⚠ Que un físico solvente defienda un texto no lo convierte en verdadero. La intuición científica de algunas cartas se explica mejor por lo que su autor leía —«Todo lo que decían los ummitas está en los libros, y lo demás me lo inventé», dijo Jordán Peña— que por una procedencia extraterrestre. El "no pudo hacerlo una sola persona" es un argumento de incredulidad, no una prueba.
Los escépticos: del desmontaje al rigor
Frente al mito han trabajado durante décadas investigadores que lo desactivaron con documentos y entrevistas. Manuel Carballal rastreó a los testigos y a las "víctimas" del bulo; Ignacio Darnaude recopiló materiales que hoy son fuente obligada. A ellos se suma el periodista bilbaíno Luis Alfonso Gámez (Bilbao, 1962), cofundador en 1986 de la asociación escéptica ARP y autor del blog Magonia, abierto en 2003, donde en 2016 reseñó la novela de Luis R. González Ummo. Historia de una obsesión bajo el título "Ummo, historia novelada de una obsesión". Su trabajo, junto al de toda la tradición escéptica española, ha convertido el caso en un manual sobre cómo nace, crece y se defiende un fraude paranormal.
Los suicidas de Tarrasa: una secuela que no le corresponde
El 20 de junio de 1972, en el apeadero de Torrebonica (Tarrasa, Barcelona), dos hombres murieron arrollados por un tren y dejaron una nota: «Los extraterrestres nos llaman». Carballal y Josep Guijarro reconstruyeron el caso a principios de los noventa con los archivos policiales y judiciales: los dos habían pasado meses de sesiones de escritura automática y contactos «telepáticos» con extraterrestres. En esas fuentes no aparece UMMO, ni en las cartas aparecen ellos.
Lo que dejaron escrito. Días después, varias personas recibieron cartas póstumas. Una llegó al ufólogo Marius Lleget; otras, a una asociación de "amigos del espacio" y, según las crónicas, hasta a la ONU. En ellas hablaban de seres que los habían "mutado lentamente" y de su marcha "al centro galáctico".
El impacto fue devastador. Lleget, que se sintió en parte responsable —los dos hombres habían asistido a una charla suya en Sabadell poco antes—, quedó muy afectado. El episodio inspiró la película «Platillos volantes» (2003), dirigida por Óscar Aibar y protagonizada por Ángel de Andrés López y Jordi Vilches, que retrata la España gris del tardofranquismo como el caldo de cultivo de aquella tragedia.
Una plantilla que se reactiva
El esquema ummita —elegidos, mutaciones, rescate cósmico, "sanación" venida de las estrellas— no es exclusivo de Ummo. Reaparece con otros nombres y otras siglas cada cierto tiempo, en sectas y grupos de contactados que prometen evacuación planetaria o curaciones milagrosas. La promesa de pertenecer a una élite cósmica y de escapar de un mundo hostil sigue siendo un anzuelo eficaz, y a veces letal. Episodios como el de la clínica de Cañuelas —cuyo director fue acusado en 1995 de la muerte de dos pacientes— o el de Tarrasa, que no tuvo que ver con UMMO pero sí con el mismo esquema, recuerdan que estas ficciones no se quedan en el papel.
Esa es la conclusión que atraviesa todo el reportaje y que conviene repetir sin matices: el planeta era falso; el daño fue real. Ummo empezó como un experimento, casi como una travesura intelectual de un hombre fascinado por manipular creencias. Terminó alimentando obsesiones, rupturas y, en el peor de los casos, muertes. Por eso desmontar el fraude no es un ejercicio de aguafiestas: es la forma de honrar a quienes pagaron con su vida o su salud el precio de creer en una carta llegada de ninguna parte.
El bulo que da dinero (y hasta votos)
Sesenta años después, Ummo sigue siendo un negocio. El caso «siempre vuelve» porque da audiencia: pulula en YouTube, pódcast y programas de misterio que lo reflotan una y otra vez.
Jordán Peña… júnior. Tras gritar «¡Ummo existe!» en Sitges, el hijo del falsario, José Luis Jordán Moreno, se ha convertido en personaje: ha desfilado por programas y pódcast asegurando que «él estuvo en Ummo» —con muchos detalles y ninguna prueba—, y ha llegado a anunciar una fundación y un partido político, «UMMO Existe», con el que dice que será presidente del Gobierno. Del experimento de su padre a la marca personal.

📺 Y el caso, en pódcast: «UMMO: cuando los ovnis invadieron España» (Carne Cruda).
Ummitas en Twitter. El delirio también tiene su versión 2.0: cuentas de X que se hacen pasar por ummitas, con su propia guerra de «falsificadores» incluida. Le hemos dedicado la última rama del árbol 👇.
¿Y se vende Ummo? Sí, pero a pequeña escala. El símbolo está por todas las plataformas de estampación bajo demanda —Redbubble, Tostadora, Etsy, AliExpress…— en camisetas, pegatinas y pósters, a precios que en laTostadora iban de 17 a 21 € en septiembre de 2026. Ahora bien, conviene no exagerar: no hay merchandising oficial (ni de la docuserie de Movistar+) ni cifras de ventas, porque es un mercado atomizado de artistas independientes —calderilla repartida entre muchos—, no un negocio medible. Lo que de verdad mueve dinero alrededor de Ummo son los documentales, libros y pódcast, no las camisetas. El planeta no existe; la caja registradora —pequeña— sí.

Ejemplos: Redbubble · laTostadora · Etsy.
Más: «Ummo siempre vuelve» (El Ojo Crítico) · la pelea por los derechos (OKDiario) · entrevista a José Luis Jordán Moreno (YouTube) · @oyagaaayuyisaa (X).
Fuentes: Ummo, historia novelada de una obsesión — Magonia (Luis Alfonso Gámez) · Tren mortal hacia Júpiter: el caso de los suicidas de Tarrasa — El Ojo Crítico · Caso Terrassa, los contactados suicidas — La Zona X (Josep Guijarro) · Platillos volantes (película de 2003) — Wikipedia · Ummo — Wikipédia (FR): grupos creyentes y confesión de Jordán Peña · Jean-Pierre Petit — Wikipédia (FR) · El autor — Magonia (biografía de Luis Alfonso Gámez).
Ummo, hoy: cuentas usurpadas y «mensajes» en directo
Aquí está el final perfecto para esta historia: el bulo ya no se escribe a máquina, se tuitea. Las «cartas» de Ummo siguen llegando en 2026… pero ahora por X (Twitter) y por YouTube. Y lo más increíble es que el invento ha cobrado tanta vida propia que hasta los creyentes se acusan entre ellos de falsificar a los ummitas.
La cuenta «oficial» de los ummitas
Desde hace años circulan en X varias cuentas que dicen hablar en nombre de Ummo. La que los creyentes más fieles dan por «buena» es @oyagaaayuyisaa, creada el 25 de abril de 2015 por otra cuenta, @oaxiiboo6. Según el blog francés Futur en Folie, detrás de estos tuits estaban los mismos autores que desde 2011 enviaban las llamadas cartas GR a un grupo de receptores españoles. Después de cerrar y abrir varias veces, reapareció en 2025 con otro avatar y otro nombre, y la bloguera francesa que la sigue concluyó que la había recuperado un tercero «con métodos de estafador». Sesenta años después de Sesma y el Café Lion, el «buzón ummita» sigue abierto: solo ha cambiado de papel a pantalla.

La cuenta usurpada: cuando el bulo se devora a sí mismo
Aquí viene lo bueno. En marzo de 2020 apareció otra cuenta, @312_oay (que tuiteaba sobre todo en inglés), y la propia comunidad creyente —Ummo-Ciencias y Ummo-Sciences— llegó a adoptarla como auténtica tras una votación… aunque con disidencias. El problema: sus «mensajes» eran un cajón de sastre de ciencia ficción —bases lunares, el proyecto Serpo, «cuatro clanes de alienígenas»— y, en pareja con @oyagaaayuyisaa, que era la que había fijado la fecha, difundió una profecía de colapso financiero para el 16 de abril de 2021 que, como era de esperar, no se cumplió.
Al poco, parte de la propia comunidad la desenmascaró como una usurpación: un falsificador haciéndose pasar por ummita (los franceses hablan directamente de «le faussaire», el falsario). Es el colmo del caso Ummo: un fraude dentro del fraude. La gente que cree en un planeta inventado por un señor con una máquina de escribir se pelea ahora por cuál de las cuentas de Twitter es el extraterrestre de verdad. Conclusión sana: cualquier «mensaje ummita» que vea hoy en redes hay que cogerlo con pinzas… y guantes.
Fuentes: «Desenmascarando al falsificador @312-OAY» · los tuits de 312-OAY (archivo Ummo-Ciencias) · @oyagaaayuyisaa (X).
Y los youtubers que se lo toman en serio
Lo más llamativo no son las cuentas, sino quién les da eco. José Luis Camacho, alma de «Mundo Desconocido» —uno de los canales de misterio más grandes en español—, lleva años comentando en sus vídeos «un reciente comunicado de los presuntos expedicionarios», sin decir de dónde sale, como si fueran comunicados reales. En pleno 2025-2026 publica entregas con títulos tan serios como «Ummo informa sobre el número de extraterrestres en la Tierra», «Ummo informa sobre los próximos pasos de la agenda global» o «Ummo informa sobre los tratados internacionales con los extraterrestres». El relato de Jordán Peña ya no necesita ni a Jordán Peña: se reproduce solo, tuit a tuit y vídeo a vídeo.
Fuentes: Mundo Desconocido · etiqueta «Ummo» · «Ummo informa sobre el número… de extraterrestres en la Tierra» (Mundo Desconocido, 2026).
🛸 Moraleja del árbol entero. Un hombre con una máquina de escribir inventó un planeta en 1966. Hoy, ese planeta tiene cuenta de Twitter, falsificadores que se pelean por suplantarlo y youtubers que reenvían sus «noticias» a cientos de miles de personas. Ummo no existe… pero nunca ha estado tan vivo.
El símbolo de Ummo: el sello que conquistó la cultura pop

Si algo ha sobrevivido al caso Ummo es su firma: ese ideograma de dos trazos verticales —ligeramente curvados hacia afuera— cruzados por una barra horizontal. No es una simple «H»: esa curvatura es justo lo que lo distingue. Los ummitas decían que era el ideograma de su planeta, y con él sellaban todas sus cartas. Nació, pues, como una humilde marca de autenticidad estampada en las cartas en los años 60.
Pero el símbolo se le fue de las manos a su creador. De las cartas saltó al casco de la nave de San José de Valderas, a los tubos enterrados de Valderas, al ovni soviético de Vorónezh… hasta convertirse en un sello universal de «autenticidad ovni»: durante décadas, cualquier avistamiento que lo luciera parecía, por arte de magia, más creíble. Hoy sale en camisetas, pegatinas y juguetes, un icono pop que mucha gente lleva sin saber que lo dibujó un alicantino aficionado a la parapsicología para sellar unas cartas escritas a máquina.
🔥 El lado más oscuro del símbolo. El propio Jordán Peña confesó su indignación al enterarse de que la secta Edelweiss marcaba a niños a fuego con SU símbolo. El garabato que inventó para un juego sociológico acabó grabado en la piel de víctimas reales. Pocas veces un dibujo ha tenido consecuencias tan siniestras.
¿Y de dónde salió el dibujo? En 2013 José Juan Montejo le preguntó por escrito a Jordán si el )+( venía de la hipérbola equilátera (la curva y=1/x) y el nombre del portugués «umo» («uno», aunque en portugués se escribe um), y si había barajado otras grafías —Umo, Ubmo, Oummo—. No contestó por escrito. Por teléfono, al investigador Vicente Orozco, lo negó: «lo elegí al azar… completamente al azar». Fuente: El Ojo Crítico nº 77 (José Juan Montejo y Vicente Orozco).
Fuentes: «El símbolo UMMO» (Ignacio Darnaude) · Ummo (Wikipedia).
Qué fue de los protagonistas
Sesenta años después, casi todos los protagonistas han muerto —y muchos, sin llegar a conocer el final de la historia—. Este es el epílogo humano del caso:
- Fernando Sesma (1908–1982), el funcionario de telégrafos que recibió las primeras cartas en «La Ballena Alegre»: en 1971 ya admitió en la revista Algo un posible origen terrestre de las cartas, y a finales de 1972 vendió su archivo a Farriols. Murió en 1982, sin oír, en 1993, que todo había sido un montaje.
- Óscar Rey Brea (1923–1977), el «gallego sabio» y primer escéptico: murió el 8 de julio de 1977, dieciséis años antes de que la confesión le diera la razón.
- Antonio Ribera (1920–2001) y Rafael Farriols (1928–2006), el divulgador y el mecenas: los dos grandes valedores del caso murieron sin renunciar a Ummo.
- José Luis Jordán Peña (1931–2014), el cerebro: tras un ictus en 1988 que lo dejó afásico año y medio, confesó en abril de 1993 que todo fue un «experimento sociológico». Murió en Madrid a los 82 años… dejando una última duda envenenada: ¿fue sincera la confesión, o su último juego? Todavía hay quien lo discute.
- Y su hijo, José Luis Jordán Moreno, sigue vivo y en activo: grita «¡Ummo existe!», anuncia partidos y fundaciones y mantiene encendida la llama que su padre dijo haber apagado.
Las caras del caso




🕯️ El caso ha enterrado a casi todos sus protagonistas, pero a él no hay quien lo entierre: Ummo sigue más vivo que la gente que lo creó.
Fuentes: Ummo (Wikipedia) · ficha de Jordán Peña (rr0.org) · ficha de Sesma (rr0.org).
Por qué Ummo sigue importando
Ummo no es solo una anécdota ovni. Es un espejo. Un hombre demostró que, con paciencia, una máquina de escribir y un símbolo bien elegido, se puede construir una religión laica que sobreviva incluso a la confesión de su propio creador.
¿Por qué cuajó aquí y entonces? Porque la España de los años sesenta era el caldo de cultivo perfecto: un país aislado, censurado y con hambre de misterio, sin apenas prensa crítica ni divulgación científica que pusiera freno. En ese vacío, unas cartas mecanografiadas con jerga técnica y firmadas con un sello sonaban más creíbles que la realidad. Y Jordán Peña sabía dónde apretar: rodeó el bulo de autoridad prestada —científicos, periodistas, un médico con bata en televisión— hasta que dudar parecía de ignorantes.
Lo inquietante es que el mecanismo no ha caducado; solo ha cambiado de soporte. Donde antes había cartas con matasellos de medio mundo, hoy hay capturas de pantalla, cadenas de WhatsApp y cuentas de X que «abren hilo». La posverdad, los bulos virales y las teorías de la conspiración funcionan exactamente igual que Ummo: una afirmación llamativa, repetida y citada mil veces, acaba «existiendo» aunque nadie la haya comprobado jamás. Ummo fue, sin saberlo, el primer gran fake viral de España… seis décadas antes de internet.
Por eso la lección no va de extraterrestres: va de nosotros, de lo que necesitamos creer y de lo poco que nos cuesta hacerlo. Sesenta años después seguimos hablando de un planeta que nunca existió, alrededor de una estrella elegida al azar. Y esa, y no otra, es la verdadera prueba de que Ummo «funcionó».
📚 Para saber más
Si quiere bucear por su cuenta, estas son las fuentes y obras de referencia del caso:
- Libro: «UMMO, lo increíble es la verdad», de Eduardo Bravo — el ensayo que reconstruye el ambiente de «La Ballena Alegre» (reseña en laSexta).
- Clásicos creyentes: «Un caso perfecto» y «El misterio de Ummo», de Antonio Ribera, la versión que consagró el mito.
- La fuente imprescindible: Manuel Carballal y su revista El Ojo Crítico —decenas de reportajes (nº 50, 72, 73, 74, 77…), suyos y de José Juan Montejo, Moisés Garrido o José Antonio Caravaca, que destaparon el caso pieza a pieza. La mayor parte de lo que de verdad se sabe sobre Ummo sale de aquí.
- Documental: «Ummo: la España alienígena» (Movistar Plus+, 2022), 3 episodios (ficha).
- El otro lado: J. J. Benítez, «El hombre que susurraba a los ummitas» — su tesis de que Jordán Peña no lo hizo todo.
- La conexión rusa: «El secreto de Vorónezh», de Maury González — investiga el caso ruso de 1989 donde reapareció el símbolo ummita en los dibujos de los niños testigos (presentación en El Ojo Crítico).
- El archivo de las cartas: ummo-ciencias.org, miles de páginas de los documentos originales.
🔎 Fuentes
Todo lo que se cuenta en esta biblia está documentado. Estas son las fuentes principales, por bloques:
- Investigación de referencia: Manuel Carballal y El Ojo Crítico (web y revista, nº 20, 50, 72, 73, 74, 77…, con artículos suyos y de José Juan Montejo, Moisés Garrido o José Antonio Caravaca), la fuente que destapó el caso pieza a pieza.
- Prensa: El Mundo (crónica de David Cuevas), El País, La Vanguardia, El Digital de Albacete, Infobae, Xataka, laSexta y Los Ángeles Press.
- Libros: «UMMO, lo increíble es la verdad» (Eduardo Bravo); «Un caso perfecto» y «El misterio de Ummo» (Antonio Ribera); «El hombre que susurraba a los ummitas» (J. J. Benítez); «Sangre azul» (Cándido Polo); «El secreto de Vorónezh» (Maury González, 2026, con prólogo y epílogo de Manuel Carballal).
- Documentales y TV: «Ummo: la España alienígena» (Movistar Plus+, 2022) y «Edelweiss» (RTVE Play, 2021).
- Vídeos: promo de la docuserie · entrevista al hijo · Carne Cruda.
- Archivos y análisis: ummo-ciencias.org (las cartas originales), Ignacio Darnaude, ufologie (Patrick Gross) y Wikipedia.
Investigación y redacción: David Santiso · Clave 45, con la ayuda de la IA Claude Opus 4.8 en la documentación y el texto. Con respeto, con humor y con cabeza.



